Suplementación: ¿realmente la necesitas?

La suplementación no es una solución universal, sino una herramienta terapéutica que debe utilizarse con criterio, fundamento científico y personalización

La industria de los suplementos nutricionales ha experimentado un auge sin precedentes en las últimas décadas. Las estanterías están repletas de cápsulas, polvos, líquidos y gomitas prometiendo más energía, mejor digestión, concentración, sueño, inmunidad, longevidad. Sin embargo, desde la visión integradora de la PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe) y la salud intestinal, la suplementación no es una solución universal, sino una herramienta terapéutica que debe utilizarse con criterio, fundamento científico y personalización.

¿Cuándo sí es necesaria la suplementación?
  • Estados carenciales documentados: Un déficit medido por laboratorio de vitamina D, hierro, vitamina B12, magnesio, zinc o ácidos grasos omega-3, entre otros, justifica el uso de suplementos para restaurar niveles óptimos. Estos nutrientes son esenciales para el funcionamiento del sistema inmune, nervioso y endocrino.
  • Trastornos digestivos: En casos de disbiosis intestinal, hipoclorhidria o SIBO (sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado), el intestino pierde capacidad de absorción, y la suplementación puede compensar estas carencias mientras se corrige la causa desde la raíz.
  • Condiciones clínicas complejas: Enfermedades autoinmunes, fatiga crónica, trastornos neuroinflamatorios y enfermedades degenerativas pueden requerir apoyo suplementario para modular inflamación, reforzar barreras epiteliales y dar soporte mitocondrial.
  • Factores del entorno moderno: El estrés crónico, el insomnio persistente, la ansiedad prolongada y el sedentarismo alteran el eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal) y elevan las necesidades de ciertos micronutrientes (vitaminas B, C, magnesio, adaptógenos).
  • Dietas restrictivas o éticas: Personas veganas, vegetarianas, o con múltiples intolerancias alimentarias pueden presentar déficits de vitamina B12, hierro, Omega 3 EPA/DHA, yodo, entre otros. Aquí la suplementación no es opcional: es una necesidad preventiva y terapéutica.
  • Etapas de alta demanda fisiológica: Embarazo, lactancia, crecimiento en la infancia, envejecimiento, recuperación post-COVID o tras enfermedades graves, implican mayores requerimientos nutricionales que a veces no se alcanzan sólo con la alimentación.
¿Cuándo NO es recomendable?

Cuando se usan suplementos de manera indiscriminada, sin pruebas clínicas ni seguimiento médico, pueden no solo ser inútiles, sino incluso perjudiciales (toxicidad por exceso, interacciones, sobrecarga hepática o renal).

Si el intestino está inflamado, permeable o con disbiosis, es probable que los suplementos no se absorban bien. En estos casos, primero se debe trabajar la reparación intestinal antes de aportar nutrientes exógenos.

Ningún suplemento debe reemplazar una alimentación real, rica en fitoquímicos, fibras prebióticas, grasas saludables y proteínas de calidad. Usarlos como “muletas” de una mala dieta es un enfoque erróneo.

Claves para una suplementación inteligente:
  • Evaluación clínica individualizada: historia clínica, síntomas, pruebas analíticas y de microbiota ayudan a identificar qué necesita realmente el cuerpo.
  • Selección de formas biodisponibles: El magnesio bisglicinato o el citrato se absorben mucho mejor que el óxido. La vitamina B12 en forma de metilcobalamina es preferible a la cianocobalamina.
  • Evitar excipientes irritantes: Algunos suplementos contienen colorantes, conservantes o edulcorantes artificiales que afectan la salud intestinal.
  • Rotación y descansos: El cuerpo agradece los ciclos, y no todos los suplementos deben tomarse de forma continua. Es útil rotar o descansar algunos según la evolución.
  • Sincronía con los ritmos circadianos: algunos suplementos (como la melatonina o el magnesio) deben tomarse de noche. Otros (como la vitamina D o B12) en la mañana para respetar la cronobiología.

En resumen, la suplementación sí puede ser necesaria. Sin embargo, nunca debe sustituir las bases fundamentales de la salud: una alimentación viva, contacto con el sol, hidratación adecuada, sueño reparador, movimiento diario, gestión del estrés y conexión emocional.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

Alimentos y fechas de caducidad: ¿qué saber?

Solemos dudar en el consumo de un alimento cuando vemos la fecha de consumo preferente y de caducidad. Esto es lo que hay que saber

En la Unión Europea se desperdician más de 59 millones de toneladas de alimentos cada año, es decir, 132 kg por persona, según datos del Consejo Europeo. La mayor parte de este desperdicio se produce en los hogares, con 72 kg de alimentos. La confusión entre la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente contribuye significativamente a este problema. Según la Comisión Europea, hasta el 10% de los 88 millones de toneladas de residuos alimentarios generados anualmente en la UE provienen de una mala interpretación de estas fechas.

Es fundamental que los consumidores comprendan que la fecha de caducidad está relacionada con la seguridad del alimento, mientras que la fecha de consumo preferente solo hace referencia a su calidad. Por esta razón, saber interpretar correctamente las fechas, puede reducir el desperdicio y tomar decisiones más informadas sobre lo que puedes seguir comiendo.

Las fechas en los envases de alimentos, como la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente, son esenciales para garantizar tanto la seguridad como la calidad de los productos que consumimos. Sin embargo, muchas veces surge la duda sobre qué alimentos podemos seguir comiendo una vez que ha pasado la fecha indicada.

¿PUEDE CONSUMIRSE UN ALIMENTO SUPERADA LA FECHA DE CONSUMO PREFERENTE?

La respuesta es sí, pero con matices. La fecha de consumo preferente indica el momento hasta el cual el alimento conserva su calidad prevista. Es decir, el producto puede empezar a perder sabor, textura o frescura después de esa fecha, pero sigue siendo seguro para el consumidor, siempre que se haya respetado la correcta conservación y el envase esté intacto.

Lo único que hay que tener en cuenta es que este tipo de fecha aparece en alimentos como pasta, arroz, productos enlatados, aceite vegetal, chocolate y otros de larga duración. Antes de desecharlos, comprueba que el alimento tiene un buen aspecto, huele bien y tiene un sabor aceptable. Además, es fundamental seguir las instrucciones de conservación. Por ejemplo, si el envase indica “una vez abierto, consumir en tres días”, debes respetar esta recomendación.

¿Y SI EL ALIMENTO ESTÁ CADUCADO?

La caducidad debe interpretarse de forma muy diferente al consumo preferente. La fecha de caducidad se refiere al último día en que el alimento puede consumirse de forma segura. Esta fecha se aplica principalmente a productos muy perecederos, como pescado fresco, carne picada, lácteos frescos y otros productos de alto riesgo. No se debe consumir ningún alimento una vez pasada la fecha de caducidad, incluso si su aspecto y olor parecen normales, ya que algunas bacterias pueden haberse desarrollado sin que haya cambios visibles.

Es importante seguir las instrucciones de conservación de estos alimentos cuando así lo indique, como “conservar en el frigorífico” o “mantener a 2-4°C”, para evitar que se deteriore antes de tiempo. Si decides congelar estos productos antes de la fecha de caducidad, puedes alargar su vida útil, pero siempre respetando las indicaciones del envase, como “congelar hasta la fecha de caducidad” o “cocinar sin descongelar”.

EN RESUMEN, ¿QUE HACER SI SE  SUPERA ALGUNA DE ESTAS FECHAS?
  • Alimentos con fecha de caducidad: No los consumas después de la fecha indicada, ya que pueden ser peligrosos. Si no vas a consumirlos antes de esa fecha, congélalos o cocínalos, siguiendo las instrucciones del envase.
  • Alimentos con fecha de consumo preferente: Si han sido almacenados correctamente y no presentan signos de deterioro, son seguros para consumir después de la fecha indicada. Utiliza tus sentidos para evaluar su estado (aspecto, olor, sabor) antes de desecharlos.

Comprender la diferencia entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente te permitirá tomar decisiones más acertadas sobre el consumo de los alimentos, evitando el desperdicio innecesario y protegiendo tu salud. Recuerda siempre seguir las instrucciones de conservación.

La luz del sol como medicina natural

Desde la PsicoNeuroInmunoEndocrinología destacan la importancia de la luz del sol para diferentes procesos del cuerpo y para la salud inmunitaria e intestinal

La exposición solar ha sido esencial para la vida en la tierra desde sus orígenes. Desde la PNIe, entendemos que la luz del sol no es solo una fuente de energía externa, sino una señal biológica fundamental que regula los ciclos circadianos, la producción hormonal, la actividad inmunitaria y la salud intestinal.

La luz solar y los ritmos circadianos

El sistema circadiano está dirigido por el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, que sincroniza funciones biológicas con los ciclos de luz-oscuridad. La luz solar, especialmente la luz azul de la mañana, inhibe la melatonina y activa el cortisol, promoviendo el estado de alerta, la atención y el metabolismo.

La exposición a luz natural por la mañana está asociada con mejor calidad del sueño nocturno, mayor variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC) y menor riesgo de depresión estacional, según estudios en cronobiología. El desajuste circadiano, frecuente en estilos de vida modernos, se ha vinculado con obesidad, insomnio, enfermedades autoinmunes y disbiosis intestinal.

Espectro de la luz solar y efectos biológicos

Según el espectro de luz solar que recibamos este tendrá un efecto sobre la salud diferentes:

  • UVB (280-315 nm): estimula la producción de vitamina D3 en la piel (colecalciferol), esencial para inmunidad innata, salud ósea, regulación de la insulina y mantenimiento de la microbiota.
  • Luz roja (620-750 nm): penetra profundamente en los tejidos y promueve la función mitocondrial, lo cual mejora la regeneración celular, reduce la inflamación y acelera la cicatrización.
  • Luz azul (450-495 nm): necesaria para sincronizar el reloj biológico, pero en exceso (especialmente en la noche) altera la secreción de melatonina y afecta negativamente el eje HHA.
Vitamina D: más que un micronutriente

La deficiencia de vitamina D se asocia a enfermedades autoinmunes, infecciones respiratorias, alteraciones del estado de ánimo, disbiosis y menor diversidad bacteriana intestinal. La vitamina D regula la expresión de péptidos antimicrobianos como la catelicidina, y modula el equilibrio entre células Th1 y Th2 del sistema inmunitario.

La exposición solar de 15-20 minutos diarios en cara y brazos, sin bloqueador solar y fuera de las horas críticas (ideal antes de las 10:00 a. m. o después de las 4:00 p. m.), es suficiente para la síntesis endógena, especialmente en latitudes tropicales.

Efectos del sol sobre la microbiota y el estado emocional

Estudios recientes indican que la luz ultravioleta puede modular la composición del microbioma cutáneo e intestinal. Además, la exposición al sol estimula la liberación de endorfinas, serotonina y dopamina, lo cual mejora el estado de ánimo y reduce la ansiedad. Esta interacción entre luz, neuroquímicos y microbiota fortalece el eje microbiota-intestino-cerebro.

Consejos para una exposición saludable

Por último estos son los consejos que debes seguir para tener una exposición a la luz del sol saludable:

  • Evitar bloqueadores en los primeros 15 minutos de sol directo.
  • No exponerse en horarios de alta radiación UV sin protección.
  • Alternar exposición solar con sombra para evitar daño celular oxidativo.
  • Usar ropa ligera, sombreros y gafas de sol como barrera física en horas de alta radiación.

No en vano, el sol, en dosis adecuadas, es una medicina natural. Reprograma nuestros ritmos internos, fortalece nuestro sistema inmune, mejora la función mitocondrial y potencia la relación entre cerebro y microbiota intestinal. Aprender a tomar el sol de forma consciente es reconectar con un código biológico ancestral que la PNIe ayuda a descifrar y aplicar terapéuticamente.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

Estas son las enfermedades asociadas a la contaminación: del sistema respiratorio al cardiovascular

La contaminación atmosférica es además la responsable de millones de  muertes prematuras causadas por enfermedades como la EPOC, infecciones respiratorias agudas e incluso accidentes cardiovasculares

La mala calidad del aire afecta directa y negativamente a la salud de las personas. En concreto, la contaminación atmosférica sigue siendo el mayor riesgo medioambiental para la salud en Europa. Estas emisiones tienen una elevada carga de morbilidad en la población y son las responsables de numerosas patologías cardiovasculares y respiratorias, además de estar directamente relacionadas con algunas enfermedades oncológicas.

La combinación de aire doméstico contaminado y la mala calidad del aire en el medioambiente es la culpable de 6,7 millones de muertes prematuras cada año, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La mayoría de estos fallecimientos -4,2 millones de fallecimientos prematuros- se producen expresamente por la contaminación atmosférica. De hecho, la contaminación del aire es considerada como el segundo factor de riesgo para las enfermedades no transmisibles.

IMPACTO EN EL SISTEMA RESPIRATORIO

Respirar contaminantes atmosféricos, como las partículas en suspensión (PM2.5 y PM10), puede causar una variedad de enfermedades del sistema respiratorio. Estas partículas pueden penetrar profundamente en los pulmones, causando irritación, inflamación y daño a las principales vías de acceso del aire.

Entre las enfermedades respiratorias asociadas se incluyen:

  • Asma bronquial: la contaminación del aire puede desencadenar crisis  de asma y/o aumentar su gravedad.
  • EPOC: la exposición prolongada a contaminantes puede contribuir al desarrollo y progresión de la EPOC.
  • Bronquitis crónica: los óxidos de nitrógeno y las partículas en suspensión están relacionados con la bronquitis crónica.
  • Infecciones respiratorias agudas: la contaminación del aire puede aumentar la incidencia de infecciones respiratorias, especialmente en niños y personas mayores.
LA CONTAMINACIÓN Y SU EFECTO EN EL SISTEMA CARDIOVASCULAR

La contaminación del aire también tiene efectos significativos en la salud del sistema cardiovascular. Las partículas finas pueden ingresar al torrente sanguíneo, afectando la función cardíaca y vascular.

Entre las principales enfermedades que puede causar la contaminación al sistema cardiovascular están:

  • Cardiopatía isquémica: la exposición a contaminantes se ha vinculado con un mayor riesgo de enfermedad coronaria.
  • Accidente cerebrovascular: la contaminación del aire puede aumentar el riesgo de accidentes cerebrovasculares.
  • Arritmias: se ha observado una relación entre la contaminación y la aparición de arritmias cardíacas.
  • Insuficiencia cardíaca: la exposición a partículas en suspensión se asocia con un aumento en las hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca.

Además, diversos estudios han encontrado que la contaminación del aire puede afectar negativamente los niveles de lípidos en la sangre, aumentando el riesgo de aterosclerosis y otras enfermedades cardiovasculares.

MALA CALIDAD DEL AIRE Y OTRAS ENFERMEDADES

Por último, la contaminación atmosférica también se ha relacionado con otras enfermedades. En concreto, un 4% de las muertes prematuras que se produjeron en 2019 se debieron a cánceres de pulmón provocados por esta mala calidad del aire. Asimismo, también las enfermedades cutáneas se han relacionado con la emisión de contaminantes, como la dermatitis atópica o los eczemas de contacto.