Estos son los alimentos de temporada en otoño: más frescos, más sostenibles

Las castañas o el boniato son algunos de los alimentos de temporada que no pueden faltar en tu dieta este otoño

Llega el otoño y con él empiezan a caer las hojas, los días son más cortos y las temperaturas más frías. Cambia la estación y con ella las opciones de alimentos de temporada, una época en la que muchas verduras, hortalizas, frutas y frutos secos alcanzan su máximo esplendor. Es el momento de redescubrir productos tradicional que aportan grandes nutrientes para el organismo.

Verduras y hortalizas

Es muy importante llenar la despensa de verduras y hortalizas que aporten gran cantidad de energía. Por eso, la Fundación Española de la Nutrición (FEN) recomienda los siguientes alimentos para los meses más fríos:

  • Acelgas: disponibles desde octubre, estas verduras no solo son versátiles en la cocina, sino que también aportan fibra, hierro, magnesio y vitamina C. Su contenido en fibra actúa como sustrato prebiótico, favoreciendo el crecimiento de bacterias beneficiosas en la microbiota intestinal y contribuyendo al equilibrio inmunológico.
  • Alcachofas: presentes desde otoño hasta primavera, las alcachofas destacan por su riqueza en inulina, un tipo de fibra con potente efecto prebiótico. Consumir alcachofas ayuda a estimular la proliferación de bacterias como las bifidobacterias, esenciales para una microbiota sana y un sistema inmune robusto.
  • Apio: fresco y ligero, el apio es ideal para caldos otoñales y ensaladas templadas. Además de ser bajo en calorías, su aporte de fibra soluble contribuye a la producción de ácidos grasos de cadena corta por la microbiota, lo que favorece la salud intestinal y tiene efectos positivos sobre la comunicación entre el sistema nervioso, el inmunológico y el endocrino..
  • Boniato: símbolo del otoño, dulce y energético, es fuente de hidratos de carbono complejos, fibra y vitamina A. Un punto clave desde la perspectiva de la microbiota es su capacidad para generar almidón resistente, un excelente prebiótico. Como truco, puedes asar o cocer el boniato y después dejarlo enfriar en el refrigerador varias horas; este proceso transforma parte de sus almidones en almidón resistente, que alimenta a las bacterias intestinales beneficiosas y contribuye a la producción de butirato, un compuesto fundamental para la salud intestinal y el sistema inmunitario. Así, el boniato no solo nutre, sino que también fortalece el equilibrio microbiano y los ejes psiconeuroinmunoendocrinos del organismo.
Frutas de otoño

Es fundamental resaltar no solo el valor nutricional de los alimentos de temporada, sino también su profundo impacto en la salud integral y en el equilibrio de la microbiota intestinal, pieza clave en la comunicación entre el sistema nervioso, inmunológico y endocrino.

Las frutas otoñales, además de sorprender por sus colores intensos y riqueza en vitaminas, ofrecen beneficios específicos para la salud y la microbiota:

  • Naranja: fuente natural de vitamina C, antioxidantes y flavonoides, compuestos que refuerzan la función inmunológica y actúan como moduladores de la respuesta inflamatoria. El consumo regular de naranja entera, en vez de zumo, favorece el aporte de fibra que sirve de sustrato para bacterias beneficiosas intestinales, ayudando al mantenimiento de una microbiota diversa y saludable.
  • Caqui: Con su característico color anaranjado, el caqui es una fruta rica en provitamina A, vitamina C y fibra soluble, lo que promueve la regulación del tránsito intestinal y actúa como prebiótico. Gracias a estos nutrientes, el caqui contribuye al fortalecimiento de la barrera intestinal, potenciando la función inmune desde el tracto digestivo.
  • Pomelo: Aunque madura principalmente en otoño, aporta una excelente cantidad de vitamina C y fitoquímicos antioxidantes. Su bajo aporte calórico y alto contenido en fibra hacen de esta fruta una opción ideal para equilibrar la glucemia y alimentar bacterias intestinales que producen ácidos grasos de cadena corta, esenciales para el bienestar metabólico e inmunológico.
Frutos secos

El otoño es la época por excelencia de los frutos secos, que después nos acompañan durante todo el año. Son los auténticos aliados de la salud y la microbiota en otoño:

  • Avellanas: Avellanas: Recolectadas en otoño, las avellanas destacan por su riqueza en ácido oleico y vitamina E, nutrientes con potente acción antioxidante y antiinflamatoria. El consumo de avellanas favorece el aumento de bifidobacterias y lactobacilos en la microbiota, reforzando la integridad de la barrera intestinal y modulando positivamente la respuesta inmune.
  • Cacahuetes: Aunque botánicamente es una legumbre, no un fruto seco, los cacahuetes son una gran fuente de proteína vegetal, fibra y minerales. Su aporte de fibra insoluble contribuye al tránsito intestinal y al desarrollo de una microbiota resiliente, mientras que sus ácidos grasos saludables ayudan a equilibrar la respuesta inflamatoria sistémica.
  • Castañas: Emblema del otoño, las castañas poseen menos grasa y más hidratos de carbono complejos en comparación con otros frutos secos. Su almidón resistente actúa como prebiótico, estimulando la proliferación de bacterias productoras de butirato, un metabolito clave para la reducción de la inflamación intestinal y la protección de la mucosa digestiva.
  • Nueces: Ricas en ácidos grasos poliinsaturados (especialmente omega-3), proteínas y
  • antioxidantes, ayudan a modular procesos inflamatorios, mejorar la plasticidad cerebral y potenciar la diversidad microbiana intestinal. Incorporarlas en la alimentación diaria favorece la producción de ácidos grasos de cadena corta y el mantenimiento de ejes saludables entre intestino-cerebro-sistema inmune.

Elegir alimentos de temporada en otoño es una estrategia fundamental para nutrir el
cuerpo, armonizar la microbiota y fortalecer la salud desde una perspectiva integradora, donde cada bocado contribuye al equilibrio de los sistemas que nos mantienen sanos y resilientes.

Microbiota y síndrome postvacacional: ¿cómo recuperar tu energía, foco y bienestar después del verano?

Muchas personas experimentan lo que se conoce como síndrome postvacacional tras la vuelta del verano

Volver a la rutina después de las vacaciones puede convertirse en todo un desafío físico, emocional y mental. Muchas personas experimentan lo que se conoce como síndrome postvacacional: fatiga, desmotivación, cambios de humor, problemas digestivos y alteraciones del sueño. Este fenómeno no solo tiene raíces psicológicas, sino que el síndrome postvacacional también presenta causas biológicas y metabólicas, donde la microbiota intestinal juega un papel crucial como moduladora del eje microbiota-intestino-cerebro.

Desde la PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe), entendemos que cuerpo y mente son inseparables, y que la adaptación al cambio de ritmo está mediada por señales inmunológicas, hormonales y nerviosas. La buena noticia es que podemos acompañar este proceso de forma consciente y saludable.

¿Qué ocurre en el cuerpo al volver a la rutina?

Durante el verano, los horarios se flexibilizan, la alimentación se vuelve más libre (y a veces caótica), el sueño cambia y el nivel de actividad física suele ser irregular. Estos factores impactan sobre:

  • El eje circadiano: se desincronizan los ritmos hormonales (como el cortisol o la melatonina).
  • La microbiota intestinal: puede sufrir disbiosis transitoria por cambios en la alimentación y el estrés digestivo.
  • El sistema inmunológico: se vuelve más reactivo, aumentando la inflamación de bajo grado.
  • La dopamina y la serotonina: neurotransmisores del bienestar, pueden disminuir ante el cambio brusco de ambiente.
Síntomas frecuentes del síndrome postvacacional con base fisiológica

El resultado es una sensación de “bajón” generalizado que afecta el ánimo, la concentración y la vitalidad.

  • Cansancio matutino o somnolencia durante el día
  • Dificultad para concentrarse
  • Cambios en el tránsito intestinal (estreñimiento, gases, digestiones lentas)
  • Apatía, tristeza leve o irritabilidad
  • Ansiedad alimentaria o por dulces
  • Dolor de cabeza o tensión muscular
Estrategias desde la PNIe para volver al equilibrio
  1. Reprogramar los ritmos circadianos
    • Acostarse y levantarse siempre a la misma hora.
    • Exponerse a luz natural en la mañana (mínimo 20 minutos).
    • Evitar pantallas brillantes al menos, una hora antes de dormir.
  2. Reeducar a la microbiota
    • Incluir alimentos ricos en prebióticos: plátano verde, alcachofa, puerro, manzana y pera con piel, avena (si es tolerada), espárragos, etc.
    • Añadir fermentados naturales como yogur ecológico, kéfir, chucrut o kombucha.
    • Valorar suplementación con cepas específicas: Lactobacillus rhamnosus GG o Bifidobacterium longum, bajo supervisión médica.
  3. Apoyar el eje neuroinmune
    • Desayunar con grasas saludables y proteínas para activar el eje HHA (hipotálamo-hipófisis-adrenal): huevos de gallina de pastoreo, aguacate, semillas de chía activadas, jamón, etc.
    • Practicar 10 minutos de respiración coherente o meditación guiada.
    • Usar adaptógenos suaves si hay fatiga crónica: ashwagandha, rhodiola, bajo supervisión médica.
  4. Planificar placeres saludables
    • Introducir microespacios de ocio durante la semana para evitar el efecto “todo o nada”.
    • Caminar, moverse, tener contacto con la naturaleza o iniciar una actividad nueva que te ilusione.

La vuelta a la rutina no tiene por qué ser un calvario. Comprender que el cuerpo necesita reajustarse y que hay herramientas concretas para facilitar esa transición es clave. Desde la PNIe, el equilibrio comienza en tu intestino, se expresa en tu sistema nervioso y se manifiesta en tu estado de ánimo. Cuida tu microbiota y tu descanso, y el resto empezará a fluir y desaparecerá el síndrome postvacacional.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

Yoga, taichí o chi kung, ¿qué elegir?

Las tres prácticas tienen numerosos beneficios, solo tendrás que valorar cuales se adaptan mejor a tus necesidades individuales

Las prácticas milenarias como el yoga, el taichí y el chi kung (también llamado qigong) han ganado terreno a otros ejercicios físicos como métodos complementarios orientados al bienestar integral. Aunque comparten componentes como respiración consciente, posturas físicas y mejoras en el estado mental, cada una de ellas presenta beneficios diferenciados respaldados por investigaciones científicas.

1. Yoga: equilibrio cuerpo-mente con respaldo clínico

El yoga se define como una práctica mente-cuerpo que combina actividad muscular, atención consciente y respiración, con efectos muy positivos sobre el estrés y la salud mental.

Pero también con otros beneficios, como el manejo de la fatiga relacionada con el cáncer o del dolor lumbar crónico, para los cuales diversos estudios indican que el yoga ofrece mejoras moderadas en dolor y función, similares a las obtenidas con otros ejercicios terapéuticos.

2. Taichí: lento, suave, pero eficaz

El taichí, ejercicio de bajo impacto, promueve fuerza, flexibilidad, equilibrio y acondicionamiento aeróbico suave. Este arte marcial desarrollado en China mejora el equilibrio y reduce las caídas en personas de edad avanzada, además de beneficiar a quienes padecen artrosis de rodilla, cadera o mano, aliviando dolor y rigidez, y mejorando la movilidad.

3. Chi kung (qigong): energía vital y bienestar integral

El chi kung (o qigong) combina movimientos suaves, respiración y meditación para armonizar la energía vital, mejorando el estado físico y mental. Tiene antecedentes de las artes marciales, y es conocido por su efecto de “autocuración”. En él destacan tres elementos principales de acuerdo con la Medicina Tradicional China (MTC): enfoque corporal (postura y movimiento), respiración y enfoque mental (elementos meditativos).

Este ejercicio ha demostrado su impacto beneficioso en el dolor lumbar no específico, mejorando movilidad, fuerza central —core— y reduciendo frecuencia cardíaca y respiratoria.

¿Cuál elegir?

La decisión dependerá de tus objetivos personales:

  • Si buscas alivio de fatiga, el yoga y el chi kung han demostrado ser beneficiosos.
  • Si tu prioridad es equilibrio, movilidad y/o salud articular, el taichi se presenta como una opción ideal; además contribuye al bienestar mental y cognitivo.
  • Si necesitas mejorar el abordaje de patologías como la ansiedad o depresión, tanto taichi como chi kung ofrecen beneficios significativos, especialmente si sigues un entrenamiento continuado y frecuente.

No existe una práctica que sobresalga universalmente; cada una ofrece sus propios beneficios y dependerá únicamente de tus necesidades para elegir una u otra. Por eso, y para tomar una decisión informada, considera tus necesidades, tu condición física y mental, y el tiempo del que dispones. Consultar con profesionales sanitarios puede ayudarte a elegir y adaptar la práctica adecuada a tus prioridades.

Después del verano: ¿cómo resetear tu intestino, tu ánimo y tu sistema inmune desde la microbiota?

El intestino no solo digiere alimentos, sino que regula la inmunidad, la inflamación, el estado anímico y hasta la claridad mental

Tras semanas de comidas fuera de casa, más alcohol de lo habitual, postres, harinas, cambios de horarios y descanso irregular, es normal sentir que el cuerpo necesita un respiro. Septiembre puede ser el mes ideal para hacer un “reset” digestivo, emocional e inmunológico. Y el punto de partida no está en una alimentación restrictiva, sino en restaurar el equilibrio de tu microbiota intestinal.

Desde la mirada integrativa de la PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe), entendemos que el intestino no solo digiere alimentos, sino que regula la inmunidad, la inflamación, el estado anímico y hasta la claridad mental. Por eso, este “reset” intestinal va más allá del cuerpo: es también una oportunidad de bienestar completo.

¿Por qué el verano altera tanto la microbiota?

Estudios han mostrado que la alimentación altas en azúcares simples, grasas no saludables, alcohol y aditivos disminuyen la diversidad bacteriana intestinal y favorecen un entorno proinflamatorio.

Algunos mecanismos implicados son:

  • Aumento de bacterias patobiontes “oportunistas” (Clostridium, Proteobacterias)
  • Reducción de bacterias “buenas” productoras de butirato, un ácido graso esencial para la salud intestinal
  • Mayor permeabilidad intestinal (“intestino permeable”)
  • Activación del eje intestino-cerebro con más ansiedad y alteraciones del ánimo
¿Cómo saber si necesitas un “reset” digestivo?
  • ¿Tienes más gases o hinchazón de lo habitual?
  • ¿Tu digestión es más lenta?
  • ¿Has notado cansancio o “neblina mental”?
  • ¿Te cuesta volver a concentrarte o dormir bien?
  • ¿Tienes más antojos o cambios en el apetito?

Si respondiste sí a 2 o más de estas preguntas, tu microbiota podría estar pidiendo ayuda.

Claves para un reset intestinal suave y eficaz
  1. Alimentos que nutren tu microbiota
    • Empieza el día con protiena de calidad y grasas saludables.
    • Consume vegetales de temporada y de cercanía: calabaza, zanahoria, hinojo, manzana o pera cocida.
    • Consume alimentos fermentados, naturales, sin pasteurizar (chucrut, kéfir, yogurt, kombucha, etc).
  2. Evita durante 10-15 días:
    • Azúcares añadidos, alcohol, ultraprocesados, fritos.
    • Harinas blancas y snacks con aditivos (glutamato, colorantes).
  3. Suplementos útiles. Consulta con tu médico.
  4. Apoyo emocional desde el intestino
    • Toma infusiones funcionales: cúrcuma, jengibre, menta, anís estrellado.
    • Haz 15 minutos diarios de respiración abdominal.
    • Escribe un diario de gratitud o realiza afirmaciones positivas por la mañana.

Restaurar el equilibrio de tu microbiota después del verano es posible sin extremos. Tu intestino, tu cerebro y tu sistema inmunológico trabajan en red, y cuidar la microbiota es la mejor inversión en salud. Haz de septiembre un mes de reconexión contigo: alimentación consciente, movimiento suave, descanso profundo y salud desde dentro.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).