Tendencias de alimentación saludables que marcarán el año

Las tendencias para este 2026 siguen apuntando a una alimentación saludable y sostenible orientada al consumo de productos frescos y de temporada, apostando siempre por la dieta mediterránea

Las tendencias de alimentación están cambiando y cada año se prevé un futuro más saludable. Cambian nuestros ritmos de vida, nuestra relación con la salud y la tecnología, y también lo que exigimos a los productos que llegan a nuestra mesa. En un contexto en el que la sociedad está cada vez más concienciada sobre el impacto de la alimentación en el bienestar, las tendencias que se consolidan para los próximos meses apuntan hacia una alimentación más sostenible y tradicional, adaptada a la conocida dieta mediterránea.

1. LA SALUD COMO MOTOR DE CAMBIO

La alimentación saludable ha pasado de ser una recomendación a convertirse en una prioridad para gran parte de la población. Crece el interés por los alimentos que aportan beneficios: productos enriquecidos con vitaminas y minerales, alimentos con prebióticos, adaptógenos, antioxidantes u omega-3, y todo aquello que contribuya a mejorar el bienestar general a través de la dieta diaria.

Esta búsqueda de salud no se limita a evitar ingredientes perjudiciales, sino a adoptar alimentos que “sumen”. Es decir, consumir productos frescos y ricos en nutrientes, optar por opciones integrales y dar más protagonismo a las legumbres, frutos secos, frutas y verduras. Estos elementos, aunque forman parte de nuestra tradición culinaria, aún necesitan recuperar el lugar que les corresponde en la rutina diaria.

2. LA FUERZA DE LO FRESCO Y DE LA DIETA MEDITERRÁNEA

Los alimentos frescos mantienen un peso muy destacado en los hogares y continúan mostrando un ligero crecimiento. La dieta mediterránea sigue siendo el patrón de referencia, especialmente entre las generaciones más jóvenes, aunque todavía queda camino por recorrer para ajustarse a la distribución ideal de alimentos que propone este modelo. Y, sobre todo, una de las tendencias en alimentación que siempre predomina es la elección de alimentos de temporada.

En invierno, cuando el frío y la mayor presencia de patógenos pueden debilitar nuestras defensas, las tendencias de alimentación se orientan cada vez más hacia reforzar el sistema inmunitario con una dieta variada y rica en nutrientes. Predominan los vegetales y las frutas —especialmente las fuentes de vitamina C—, así como los alimentos fermentados que fortalecen la microbiota intestinal.

En cambio, en los meses con temperaturas más elevadas, los consumidores se inclinan hacia productos frescos y ricos en antioxidantes, fundamentales para proteger nuestras células del estrés oxidativo. Predominan las frutas con alto contenido de agua —como la sandía, los frutos rojos, el melón, los cítricos o los kiwis— que hidratan, aportan vitaminas y ayudan a cuidar la piel frente al sol. También ganan presencia las verduras antioxidantes, como las espinacas, el pepino, los pimientos, el brócoli o el tomate, que suministran vitaminas A, C, K y ácido fólico, esenciales para la salud ocular, la regeneración celular y el buen funcionamiento del sistema inmune.

La buena noticia es que los consumidores parecen más abiertos que nunca a redescubrir la cocina basada en verduras, hortalizas, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva. Y todo indica que esta tendencia no solo seguirá vigente en 2026, sino que se reforzará.

3. NUEVAS TECNOLOGÍAS MÁS SALUDABLES EN LA COCINA

La forma de cocinar también está cambiando. Aunque métodos tradicionales como la plancha o los platos fríos siguen siendo los reyes del día a día, la irrupción de nuevas tecnologías domésticas está transformando la rutina culinaria.

Las freidoras de aire continúan ganando espacio en las cocinas por su practicidad, rapidez y la posibilidad de elaborar recetas más saludables. Han dejado atrás a técnicas como el rebozado tradicional, y se asientan como una herramienta habitual para preparar platos equilibrados sin complicaciones y, sobre todo, muy saludables.

4. MÁS COMIDAS CASERAS Y ADIÓS A LOS ULTRAPROCESADOS

A pesar del boom de programas de cocina y del interés por la gastronomía, en la práctica cada vez se cocina menos diariamente. El ritmo acelerado de la vida laboral y familiar impulsa el consumo de platos preparados, comida para llevar y opciones listas para consumir.

Sin embargo, está emergiendo un movimiento contrario: el deseo de recuperar lo casero, lo auténtico y lo manual. Los consumidores valoran cada vez más una cocina real, sin ingredientes ultraprocesados y con elaboraciones sencillas.

Si observamos las tendencias actuales y pasadas, las tendencias que marcarán la alimentación de este año serán:

  • Más alimentos funcionales y productos enriquecidos.
  • Mayor apuesta por lo fresco y lo vegetal.
  • Continuidad del patrón mediterráneo, especialmente entre los jóvenes.
  • Tecnología al servicio de la salud y la comodidad.
  • Consumo más consciente y sostenible.
  • Revalorización de la cocina casera, aunque adaptada a la vida moderna.

La alimentación que marcará el año será aquella que encuentre el equilibrio perfecto entre bienestar, sostenibilidad y practicidad, manteniendo vivas las raíces culinarias que forman parte de nuestra identidad y poniendo por delante el objetivo principal: cuidar la salud.

Estos son los alimentos que no debes tomar cuando tienes irritación de garganta

Una buena alimentación y unos hábitos saludables en el consumo de ciertos productos pueden mejorar significativamente la irritación de garganta

Tras la irritación de garganta pueden esconderse causas como la exposición a agentes irritantes, alergias por alimentos o fármacos, rinitis alérgica, infecciones bacterianas y virales, deshidratación o reflujo gástrico. Esta irritación puede provocar picor de garanta e ir acompañada de otras molestias, como pueden ser el picor de nariz, la carraspera o el goteo nasal. Aunque puede ser por una causa leve, la irritación de garganta puede limitar las actividades del día a día e influir directamente en nuestro bienestar.

Además de acudir a consulta médica si es necesario –especialmente en irritaciones causadas por infección bacteriana y que necesitan de un tratamiento antibiótico-, también hay algunos consejos que pueden ayudarnos a mejorar el pronóstico de nuestra garganta. Se trata de la alimentación y, especialmente, de limitar el consumo de algunos alimentos que pueden favorecer la irritación de garganta.

4 TIPS QUE MEJORARÁN EL PRONÓSTICO DE NUESTRA GARGANTA
  1. Evitar el consumo de miel y caramelos de menta: estos alimento, más que cuidar de nuestra garganta, pueden producir reflujo y aumentar la irritación.
  2. No consumir comidas y bebidas muy calientes o frías: Las temperaturas extremas pueden aumentar la irritación. Es recomendable optar por líquidos tibios o a temperatura ambiente. Las bebidas muy calientes pueden quemar la mucosa, mientras que las frías pueden causar sensación de ardor.
  3. Limitar o reducir el consumo de alcohol, café y otros irritantes: Estas sustancias pueden deshidratar el cuerpo, lo que empeora la sequedad y el dolor en la garganta. Es recomendable evitar su consumo durante este período.
  4. Reducir lo máximo posible la ingesta de alimentos picantes o con muchas especias: Especias como la pimienta, el vinagre, el curry y el chimichurri pueden aumentar la irritación y el ardor en la garganta. Es preferible consumir alimentos suaves y poco condimentados.

Estos cuatro consejos pueden ayudarnos a mejorar el pronóstico de nuestra garganta, aunque también hay que tener en cuenta otros factores, como aquella irritación de origen alérgico. En este caso, los antihistamínicos mejorarán la sintomatología.

RECOMENDACIONES ADICIONALES
  • Mantente hidratado: Bebe líquidos tibios como infusiones sin cafeína, caldos suaves y agua del tiempo.
  • Evita el tabaco: Fumar puede irritar aún más la garganta y retrasar la recuperación.
  • Consulta a un profesional: Si los síntomas persisten por más de tres días o empeoran, es importante buscar atención médica.

Recuerda que una alimentación adecuada puede acelerar la recuperación y aliviar los síntomas de la irritación de garganta. Si tienes dudas o necesitas más información, no dudes en consultar a un especialista en salud.

Estos son los alimentos de temporada en otoño: más frescos, más sostenibles

Las castañas o el boniato son algunos de los alimentos de temporada que no pueden faltar en tu dieta este otoño

Llega el otoño y con él empiezan a caer las hojas, los días son más cortos y las temperaturas más frías. Cambia la estación y con ella las opciones de alimentos de temporada, una época en la que muchas verduras, hortalizas, frutas y frutos secos alcanzan su máximo esplendor. Es el momento de redescubrir productos tradicional que aportan grandes nutrientes para el organismo.

Verduras y hortalizas

Es muy importante llenar la despensa de verduras y hortalizas que aporten gran cantidad de energía. Por eso, la Fundación Española de la Nutrición (FEN) recomienda los siguientes alimentos para los meses más fríos:

  • Acelgas: disponibles desde octubre, estas verduras no solo son versátiles en la cocina, sino que también aportan fibra, hierro, magnesio y vitamina C. Su contenido en fibra actúa como sustrato prebiótico, favoreciendo el crecimiento de bacterias beneficiosas en la microbiota intestinal y contribuyendo al equilibrio inmunológico.
  • Alcachofas: presentes desde otoño hasta primavera, las alcachofas destacan por su riqueza en inulina, un tipo de fibra con potente efecto prebiótico. Consumir alcachofas ayuda a estimular la proliferación de bacterias como las bifidobacterias, esenciales para una microbiota sana y un sistema inmune robusto.
  • Apio: fresco y ligero, el apio es ideal para caldos otoñales y ensaladas templadas. Además de ser bajo en calorías, su aporte de fibra soluble contribuye a la producción de ácidos grasos de cadena corta por la microbiota, lo que favorece la salud intestinal y tiene efectos positivos sobre la comunicación entre el sistema nervioso, el inmunológico y el endocrino..
  • Boniato: símbolo del otoño, dulce y energético, es fuente de hidratos de carbono complejos, fibra y vitamina A. Un punto clave desde la perspectiva de la microbiota es su capacidad para generar almidón resistente, un excelente prebiótico. Como truco, puedes asar o cocer el boniato y después dejarlo enfriar en el refrigerador varias horas; este proceso transforma parte de sus almidones en almidón resistente, que alimenta a las bacterias intestinales beneficiosas y contribuye a la producción de butirato, un compuesto fundamental para la salud intestinal y el sistema inmunitario. Así, el boniato no solo nutre, sino que también fortalece el equilibrio microbiano y los ejes psiconeuroinmunoendocrinos del organismo.
Frutas de otoño

Es fundamental resaltar no solo el valor nutricional de los alimentos de temporada, sino también su profundo impacto en la salud integral y en el equilibrio de la microbiota intestinal, pieza clave en la comunicación entre el sistema nervioso, inmunológico y endocrino.

Las frutas otoñales, además de sorprender por sus colores intensos y riqueza en vitaminas, ofrecen beneficios específicos para la salud y la microbiota:

  • Naranja: fuente natural de vitamina C, antioxidantes y flavonoides, compuestos que refuerzan la función inmunológica y actúan como moduladores de la respuesta inflamatoria. El consumo regular de naranja entera, en vez de zumo, favorece el aporte de fibra que sirve de sustrato para bacterias beneficiosas intestinales, ayudando al mantenimiento de una microbiota diversa y saludable.
  • Caqui: Con su característico color anaranjado, el caqui es una fruta rica en provitamina A, vitamina C y fibra soluble, lo que promueve la regulación del tránsito intestinal y actúa como prebiótico. Gracias a estos nutrientes, el caqui contribuye al fortalecimiento de la barrera intestinal, potenciando la función inmune desde el tracto digestivo.
  • Pomelo: Aunque madura principalmente en otoño, aporta una excelente cantidad de vitamina C y fitoquímicos antioxidantes. Su bajo aporte calórico y alto contenido en fibra hacen de esta fruta una opción ideal para equilibrar la glucemia y alimentar bacterias intestinales que producen ácidos grasos de cadena corta, esenciales para el bienestar metabólico e inmunológico.
Frutos secos

El otoño es la época por excelencia de los frutos secos, que después nos acompañan durante todo el año. Son los auténticos aliados de la salud y la microbiota en otoño:

  • Avellanas: Avellanas: Recolectadas en otoño, las avellanas destacan por su riqueza en ácido oleico y vitamina E, nutrientes con potente acción antioxidante y antiinflamatoria. El consumo de avellanas favorece el aumento de bifidobacterias y lactobacilos en la microbiota, reforzando la integridad de la barrera intestinal y modulando positivamente la respuesta inmune.
  • Cacahuetes: Aunque botánicamente es una legumbre, no un fruto seco, los cacahuetes son una gran fuente de proteína vegetal, fibra y minerales. Su aporte de fibra insoluble contribuye al tránsito intestinal y al desarrollo de una microbiota resiliente, mientras que sus ácidos grasos saludables ayudan a equilibrar la respuesta inflamatoria sistémica.
  • Castañas: Emblema del otoño, las castañas poseen menos grasa y más hidratos de carbono complejos en comparación con otros frutos secos. Su almidón resistente actúa como prebiótico, estimulando la proliferación de bacterias productoras de butirato, un metabolito clave para la reducción de la inflamación intestinal y la protección de la mucosa digestiva.
  • Nueces: Ricas en ácidos grasos poliinsaturados (especialmente omega-3), proteínas y
  • antioxidantes, ayudan a modular procesos inflamatorios, mejorar la plasticidad cerebral y potenciar la diversidad microbiana intestinal. Incorporarlas en la alimentación diaria favorece la producción de ácidos grasos de cadena corta y el mantenimiento de ejes saludables entre intestino-cerebro-sistema inmune.

Elegir alimentos de temporada en otoño es una estrategia fundamental para nutrir el
cuerpo, armonizar la microbiota y fortalecer la salud desde una perspectiva integradora, donde cada bocado contribuye al equilibrio de los sistemas que nos mantienen sanos y resilientes.

Después del verano: ¿cómo resetear tu intestino, tu ánimo y tu sistema inmune desde la microbiota?

El intestino no solo digiere alimentos, sino que regula la inmunidad, la inflamación, el estado anímico y hasta la claridad mental

Tras semanas de comidas fuera de casa, más alcohol de lo habitual, postres, harinas, cambios de horarios y descanso irregular, es normal sentir que el cuerpo necesita un respiro. Septiembre puede ser el mes ideal para hacer un “reset” digestivo, emocional e inmunológico. Y el punto de partida no está en una alimentación restrictiva, sino en restaurar el equilibrio de tu microbiota intestinal.

Desde la mirada integrativa de la PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe), entendemos que el intestino no solo digiere alimentos, sino que regula la inmunidad, la inflamación, el estado anímico y hasta la claridad mental. Por eso, este “reset” intestinal va más allá del cuerpo: es también una oportunidad de bienestar completo.

¿Por qué el verano altera tanto la microbiota?

Estudios han mostrado que la alimentación altas en azúcares simples, grasas no saludables, alcohol y aditivos disminuyen la diversidad bacteriana intestinal y favorecen un entorno proinflamatorio.

Algunos mecanismos implicados son:

  • Aumento de bacterias patobiontes “oportunistas” (Clostridium, Proteobacterias)
  • Reducción de bacterias “buenas” productoras de butirato, un ácido graso esencial para la salud intestinal
  • Mayor permeabilidad intestinal (“intestino permeable”)
  • Activación del eje intestino-cerebro con más ansiedad y alteraciones del ánimo
¿Cómo saber si necesitas un “reset” digestivo?
  • ¿Tienes más gases o hinchazón de lo habitual?
  • ¿Tu digestión es más lenta?
  • ¿Has notado cansancio o “neblina mental”?
  • ¿Te cuesta volver a concentrarte o dormir bien?
  • ¿Tienes más antojos o cambios en el apetito?

Si respondiste sí a 2 o más de estas preguntas, tu microbiota podría estar pidiendo ayuda.

Claves para un reset intestinal suave y eficaz
  1. Alimentos que nutren tu microbiota
    • Empieza el día con protiena de calidad y grasas saludables.
    • Consume vegetales de temporada y de cercanía: calabaza, zanahoria, hinojo, manzana o pera cocida.
    • Consume alimentos fermentados, naturales, sin pasteurizar (chucrut, kéfir, yogurt, kombucha, etc).
  2. Evita durante 10-15 días:
    • Azúcares añadidos, alcohol, ultraprocesados, fritos.
    • Harinas blancas y snacks con aditivos (glutamato, colorantes).
  3. Suplementos útiles. Consulta con tu médico.
  4. Apoyo emocional desde el intestino
    • Toma infusiones funcionales: cúrcuma, jengibre, menta, anís estrellado.
    • Haz 15 minutos diarios de respiración abdominal.
    • Escribe un diario de gratitud o realiza afirmaciones positivas por la mañana.

Restaurar el equilibrio de tu microbiota después del verano es posible sin extremos. Tu intestino, tu cerebro y tu sistema inmunológico trabajan en red, y cuidar la microbiota es la mejor inversión en salud. Haz de septiembre un mes de reconexión contigo: alimentación consciente, movimiento suave, descanso profundo y salud desde dentro.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

Verano y disbiosis intestinal: ¿cómo evitar que los cambios alimentarios alteren tu salud intestinal?

La ciencia ha demostrado que el sistema digestivo no solo digiere alimentos: es un verdadero centro de regulación inmunitaria, metabólica y emocional

El verano es sinónimo de descanso, diversión y nuevas experiencias. Pero también puede representar un reto para tu salud intestinal. Las vacaciones suelen traer consigo una alimentación más desordenada: comidas fuera de casa, aumento del consumo de alcohol, helados, harinas, ultraprocesados y menos rutina. Aunque parecen inofensivos por ser “momentos puntuales”, estos hábitos comunes en verano pueden alterar en poco tiempo el equilibrio de tu microbiota intestinal, creando la conocida como disbiosis intestinal que genera síntomas digestivos-físicos y emocionales que muchas veces no se relacionan directamente con lo que comes, pero están profundamente conectados.

La ciencia ha demostrado que el sistema digestivo no solo digiere alimentos: es un verdadero centro de regulación inmunitaria, metabólica y emocional. Y la microbiota —el conjunto de bacterias que habita en nuestro intestino— es una pieza clave de este engranaje. Desde la mirada de la PNIe (PsicoNeuroInmunoEndocrinología), cuidar tu microbiota en verano puede ayudarte a prevenir disbiosis intestinal (desequilibrio), inflamación, alteraciones digestivas y hasta trastornos del ánimo.

¿Cómo responde la microbiota a los cambios en la alimentación?

Estudios científicos han demostrado que una sola comida rica en grasas saturadas, azúcares y aditivos puede alterar el perfil microbiano del intestino en cuestión de horas. En personas sanas, se ha observado un cambio en el equilibrio de bacterias beneficiosas, con una reducción de Bacteroidetes (relacionadas con un metabolismo sano) y un aumento de Firmicutes, un patrón asociado a sobrepeso, inflamación y desequilibrios metabólicos.

Además, cuando esta situación se repite durante varios días —como suele ocurrir en verano—, puede favorecer un estado de disbiosis, es decir, un desequilibrio entre bacterias buenas y potencialmente patógenas. Esto genera un entorno intestinal inflamado, con mayor permeabilidad intestinal y activación del sistema inmune.

Síntomas comunes de disbiosis durante el verano:
  • Halitosis (mal aliento persistente)
  • Diarrea o estreñimiento alternantes
  • Hinchazón abdominal, gases y digestiones pesadas
  • Cambios en el apetito, antojos por dulces o harinas
  • Cansancio o somnolencia diurna
  • Trastornos del sueño
  • Ansiedad o irritabilidad

Incluso personas que no suelen tener problemas digestivos pueden experimentar estos síntomas tras varios días de desajustes alimentarios.

Estrategias desde la PNIe para proteger tu salud intestinal

No se trata de vivir el verano con miedo a la comida, sino de hacerlo con conciencia. Aquí te compartimos estrategias científicamente respaldadas que ayudan a cuidar tu microbiota en esta época del año, sin dejar de disfrutar:

1. Planificar indulgencias conscientes

Disfrutar de comidas especiales no es un problema. El desafío aparece cuando estos excesos se convierten en la norma diaria. La estrategia es planificar 2 o 3 comidas libres a la semana, en lugar de comer sin control cada día. Estudios sobre la microbiota muestran que el cuerpo puede adaptarse a cambios puntuales sin consecuencias graves, pero necesita equilibrio la mayor parte del tiempo.

2. Incluir fibra prebiótica naturales en cada comida

Los prebióticos son fibras que nutren a las bacterias buenas. Algunos alimentos ricos en estos compuestos son:

  • Cebolla, ajo, puerro
  • Plátano verde (no maduro)
  • Avena (si no hay intolerancia)
  • Alcachofa, espárragos
  • Semillas de chía y lino activadas, etc.

Consumir estas fibras a diario ayuda a restaurar el equilibrio de la microbiota, incluso en días con alguna indulgencia.

3. Apoyar la digestión con enzimas y butirato

Si hay síntomas digestivos o antecedentes de hiperpermeabilidad intestinal, puedes beneficiarte de:

  • Enzimas digestivas: ayudan a descomponer mejor los alimentos, reduciendo gases e hinchazón.
  • Butirato: es un ácido graso que produce la microbiota intestinal en el colon,  y nutre las células del intestino. Se puede suplementar para fortalecer la barrera intestinal.

Ambos están respaldados por investigaciones clínicas en casos de disbiosis, hiperpermeabilidad y trastornos funcionales digestivos.

4. Regular el eje microbiota-intestino-cerebro (emocional)

El intestino y el cerebro están profundamente conectados. Comer por ansiedad o aburrimiento, común en vacaciones, puede aumentar el estrés intestinal. Practicar técnicas como:

  • Mindfulness antes de comer
  • Respiración coherente (inhalar 4-5 segundos, exhalar 5-6 segundos)
  • Contacto con la naturaleza y descanso digital

Estas prácticas reducen la activación del eje HHA (hipotálamo-hipófisis-adrenal), que se vincula al estrés crónico y la disbiosis.

Por tanto, la salud digestiva no se va de vacaciones. Tu microbiota es sensible a lo que comes, sientes y vives, incluso en verano. Pero eso no significa que tengas que privarte de disfrutar: solo necesitas conocimiento, equilibrio y una actitud consciente.

Incluir alimentos prebióticos, cuidar tus emociones y planificar tus momentos de disfrute sin excesos te permitirá disfrutar del verano sintiéndote ligero, vital y en armonía con tu cuerpo.

Recuerda: un intestino feliz es sinónimo de energía, claridad mental y bienestar inmunológico. Este verano, cuida tu salud desde dentro, evita la disbiosis intestinal.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

La digestión comienza mucho antes del estómago

La digestión se activa incluso antes de ingerir un bocado: ver, oler, anticipar y saborear ya disparan señales parasimpáticas para preparar al cuerpo

En la PNIe, comprendemos que el sistema digestivo no es una simple máquina para procesar alimentos, sino una interfaz vital donde se integran señales neurológicas, inmunitarias, hormonales y emocionales. La digestión se activa incluso antes de ingerir un bocado: ver, oler, anticipar y saborear ya disparan señales parasimpáticas para preparar al cuerpo. Comer en un entorno estresante o sin atención inhibe este proceso clave.

Uno de los desequilibrios más comunes —y menos diagnosticados— es la hipoclorhidria: una baja producción de ácido clorhídrico en el estómago. Este ácido no solo es responsable de digerir proteínas, sino también de eliminar patógenos, activar enzimas digestivas y facilitar la absorción de nutrientes críticos.

Síntomas asociados a hipoclorhidria:
  • Sensación de pesadez o plenitud tras comer
  • Gases, eructos o reflujo, especialmente con comidas ricas en proteínas
  • Heces con restos de comida o mal olor
  • Malabsorción de minerales (hierro, zinc, magnesio, calcio)
  • Deficiencia de vitamina B12, con síntomas neurológicos o fatiga
  • Proliferación de patógenos (H. pylori, cándida, parásitos, etc.)
  • Sistema inmune débil o reacciones alimentarias frecuentes
¿Por qué se produce?
  • Estrés crónico: El eje HPA activo inhibe la secreción ácida estomacal.
  • Envejecimiento: La producción de ácido disminuye con la edad.
  • Uso prolongado de inhibidores de bomba de protones (IBP): Como el omeprazol, usados de forma crónica sin indicación real.
  • Alimentación muy pobres en proteínas o muy procesadas.
Estrategias para mejorar la producción ácida y digestiva:
  • Comer en estado de calma, activando el sistema parasimpático
  • Incorporar alimentos amargos naturales: rúcula, diente de león, vinagre de manzana con la madre, jengibre
  • Masticar cada bocado entre 20 y 30 veces para activar enzimas salivales y preparar el estómago
  • Evitar beber grandes cantidades de agua durante las comidas (puede diluir los jugos gástricos). Mejor hidratarse fuera de ellas.
  • Reducir o eliminar el uso innecesario de antiácidos
  • En algunos casos puede ser beneficioso utilizar suplementos como la betaína HCl con pepsina, pero siempre bajo supervisión médica.

La salud digestiva es la base del bienestar sistémico. Y todo comienza con la manera en que comemos, no solo con lo que comemos. Respetar los procesos digestivos es una forma de cuidar nuestro eje microbiota-intestino-cerebro-inmunidad.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

Suplementación: ¿realmente la necesitas?

La suplementación no es una solución universal, sino una herramienta terapéutica que debe utilizarse con criterio, fundamento científico y personalización

La industria de los suplementos nutricionales ha experimentado un auge sin precedentes en las últimas décadas. Las estanterías están repletas de cápsulas, polvos, líquidos y gomitas prometiendo más energía, mejor digestión, concentración, sueño, inmunidad, longevidad. Sin embargo, desde la visión integradora de la PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe) y la salud intestinal, la suplementación no es una solución universal, sino una herramienta terapéutica que debe utilizarse con criterio, fundamento científico y personalización.

¿Cuándo sí es necesaria la suplementación?
  • Estados carenciales documentados: Un déficit medido por laboratorio de vitamina D, hierro, vitamina B12, magnesio, zinc o ácidos grasos omega-3, entre otros, justifica el uso de suplementos para restaurar niveles óptimos. Estos nutrientes son esenciales para el funcionamiento del sistema inmune, nervioso y endocrino.
  • Trastornos digestivos: En casos de disbiosis intestinal, hipoclorhidria o SIBO (sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado), el intestino pierde capacidad de absorción, y la suplementación puede compensar estas carencias mientras se corrige la causa desde la raíz.
  • Condiciones clínicas complejas: Enfermedades autoinmunes, fatiga crónica, trastornos neuroinflamatorios y enfermedades degenerativas pueden requerir apoyo suplementario para modular inflamación, reforzar barreras epiteliales y dar soporte mitocondrial.
  • Factores del entorno moderno: El estrés crónico, el insomnio persistente, la ansiedad prolongada y el sedentarismo alteran el eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal) y elevan las necesidades de ciertos micronutrientes (vitaminas B, C, magnesio, adaptógenos).
  • Dietas restrictivas o éticas: Personas veganas, vegetarianas, o con múltiples intolerancias alimentarias pueden presentar déficits de vitamina B12, hierro, Omega 3 EPA/DHA, yodo, entre otros. Aquí la suplementación no es opcional: es una necesidad preventiva y terapéutica.
  • Etapas de alta demanda fisiológica: Embarazo, lactancia, crecimiento en la infancia, envejecimiento, recuperación post-COVID o tras enfermedades graves, implican mayores requerimientos nutricionales que a veces no se alcanzan sólo con la alimentación.
¿Cuándo NO es recomendable?

Cuando se usan suplementos de manera indiscriminada, sin pruebas clínicas ni seguimiento médico, pueden no solo ser inútiles, sino incluso perjudiciales (toxicidad por exceso, interacciones, sobrecarga hepática o renal).

Si el intestino está inflamado, permeable o con disbiosis, es probable que los suplementos no se absorban bien. En estos casos, primero se debe trabajar la reparación intestinal antes de aportar nutrientes exógenos.

Ningún suplemento debe reemplazar una alimentación real, rica en fitoquímicos, fibras prebióticas, grasas saludables y proteínas de calidad. Usarlos como “muletas” de una mala dieta es un enfoque erróneo.

Claves para una suplementación inteligente:
  • Evaluación clínica individualizada: historia clínica, síntomas, pruebas analíticas y de microbiota ayudan a identificar qué necesita realmente el cuerpo.
  • Selección de formas biodisponibles: El magnesio bisglicinato o el citrato se absorben mucho mejor que el óxido. La vitamina B12 en forma de metilcobalamina es preferible a la cianocobalamina.
  • Evitar excipientes irritantes: Algunos suplementos contienen colorantes, conservantes o edulcorantes artificiales que afectan la salud intestinal.
  • Rotación y descansos: El cuerpo agradece los ciclos, y no todos los suplementos deben tomarse de forma continua. Es útil rotar o descansar algunos según la evolución.
  • Sincronía con los ritmos circadianos: algunos suplementos (como la melatonina o el magnesio) deben tomarse de noche. Otros (como la vitamina D o B12) en la mañana para respetar la cronobiología.

En resumen, la suplementación sí puede ser necesaria. Sin embargo, nunca debe sustituir las bases fundamentales de la salud: una alimentación viva, contacto con el sol, hidratación adecuada, sueño reparador, movimiento diario, gestión del estrés y conexión emocional.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

Alimentos y fechas de caducidad: ¿qué saber?

Solemos dudar en el consumo de un alimento cuando vemos la fecha de consumo preferente y de caducidad. Esto es lo que hay que saber

En la Unión Europea se desperdician más de 59 millones de toneladas de alimentos cada año, es decir, 132 kg por persona, según datos del Consejo Europeo. La mayor parte de este desperdicio se produce en los hogares, con 72 kg de alimentos. La confusión entre la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente contribuye significativamente a este problema. Según la Comisión Europea, hasta el 10% de los 88 millones de toneladas de residuos alimentarios generados anualmente en la UE provienen de una mala interpretación de estas fechas.

Es fundamental que los consumidores comprendan que la fecha de caducidad está relacionada con la seguridad del alimento, mientras que la fecha de consumo preferente solo hace referencia a su calidad. Por esta razón, saber interpretar correctamente las fechas, puede reducir el desperdicio y tomar decisiones más informadas sobre lo que puedes seguir comiendo.

Las fechas en los envases de alimentos, como la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente, son esenciales para garantizar tanto la seguridad como la calidad de los productos que consumimos. Sin embargo, muchas veces surge la duda sobre qué alimentos podemos seguir comiendo una vez que ha pasado la fecha indicada.

¿PUEDE CONSUMIRSE UN ALIMENTO SUPERADA LA FECHA DE CONSUMO PREFERENTE?

La respuesta es sí, pero con matices. La fecha de consumo preferente indica el momento hasta el cual el alimento conserva su calidad prevista. Es decir, el producto puede empezar a perder sabor, textura o frescura después de esa fecha, pero sigue siendo seguro para el consumidor, siempre que se haya respetado la correcta conservación y el envase esté intacto.

Lo único que hay que tener en cuenta es que este tipo de fecha aparece en alimentos como pasta, arroz, productos enlatados, aceite vegetal, chocolate y otros de larga duración. Antes de desecharlos, comprueba que el alimento tiene un buen aspecto, huele bien y tiene un sabor aceptable. Además, es fundamental seguir las instrucciones de conservación. Por ejemplo, si el envase indica “una vez abierto, consumir en tres días”, debes respetar esta recomendación.

¿Y SI EL ALIMENTO ESTÁ CADUCADO?

La caducidad debe interpretarse de forma muy diferente al consumo preferente. La fecha de caducidad se refiere al último día en que el alimento puede consumirse de forma segura. Esta fecha se aplica principalmente a productos muy perecederos, como pescado fresco, carne picada, lácteos frescos y otros productos de alto riesgo. No se debe consumir ningún alimento una vez pasada la fecha de caducidad, incluso si su aspecto y olor parecen normales, ya que algunas bacterias pueden haberse desarrollado sin que haya cambios visibles.

Es importante seguir las instrucciones de conservación de estos alimentos cuando así lo indique, como “conservar en el frigorífico” o “mantener a 2-4°C”, para evitar que se deteriore antes de tiempo. Si decides congelar estos productos antes de la fecha de caducidad, puedes alargar su vida útil, pero siempre respetando las indicaciones del envase, como “congelar hasta la fecha de caducidad” o “cocinar sin descongelar”.

EN RESUMEN, ¿QUE HACER SI SE  SUPERA ALGUNA DE ESTAS FECHAS?
  • Alimentos con fecha de caducidad: No los consumas después de la fecha indicada, ya que pueden ser peligrosos. Si no vas a consumirlos antes de esa fecha, congélalos o cocínalos, siguiendo las instrucciones del envase.
  • Alimentos con fecha de consumo preferente: Si han sido almacenados correctamente y no presentan signos de deterioro, son seguros para consumir después de la fecha indicada. Utiliza tus sentidos para evaluar su estado (aspecto, olor, sabor) antes de desecharlos.

Comprender la diferencia entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente te permitirá tomar decisiones más acertadas sobre el consumo de los alimentos, evitando el desperdicio innecesario y protegiendo tu salud. Recuerda siempre seguir las instrucciones de conservación.

Alimentación saludable y su impacto en la salud pulmonar

Consumir una alimentación saludable como verduras, carnes, huevos,  pescados ricos en omega-3,  ayuda a reducir la inflamación pulmonar

Una alimentación saludable puede fortalecer nuestra salud pulmonar. Consumir verduras, carnes, huevos,  pescados ricos en omega-3,  ayuda a reducir la inflamación y mejora la respiración. Algunos alimentos especialmente beneficiosos incluyen:

  • Manzanas y peras: Ricas en antioxidantes y flavonoides, ayudan a reducir el riesgo de enfermedades respiratorias.
  • Cúrcuma: Su compuesto activo, la curcumina, tiene propiedades antiinflamatorias que pueden proteger los pulmones.
  • Ajo y cebolla: Contienen compuestos azufrados que tienen propiedades antimicrobianas y pueden favorecer la salud respiratoria.
  • Jengibre: Ayuda a eliminar toxinas de los pulmones y mejora la circulación sanguínea.

Por otro lado, una mala alimentación, rica en alimentos ultraprocesados y azúcares refinados, puede aumentar el riesgo de inflamación crónica y afectar la función pulmonar.

El horario de las comidas también importa cuando hablamos de alimentación saludable y salud pulmonar. Comer tarde en la noche o de forma desordenada puede afectar la digestión y el metabolismo, lo que influye en el bienestar general y, por extensión, en la salud respiratoria.

El sueño y la respiración

Dormir bien es fundamental para que nuestro cuerpo se recupere y funcione correctamente. Trastornos como la apnea obstructiva del sueño pueden causar pausas en la respiración durante la noche, lo que puede llevar a problemas como presión alta, fatiga crónica y deterioro de la función pulmonar.

Para mejorar la calidad del sueño y beneficiar la salud pulmonar, es recomendable:

  • Establecer horarios regulares de sueño: Dormir y despertar a la misma hora ayuda a regular el ritmo circadiano.
  • Evitar cenas pesadas y alcohol antes de dormir: Estos pueden interferir con la respiración y la calidad del sueño.
  • Practicar técnicas de respiración antes de dormir: Ejercicios como la respiración diafragmática pueden mejorar la oxigenación y reducir el estrés.
  • Mantener un ambiente libre de alérgenos: El polvo, los ácaros y los contaminantes pueden afectar la calidad del aire en el dormitorio.
Ejercicio y salud pulmonar

El ejercicio es clave para mantener una buena capacidad pulmonar. Actividades como caminar, nadar y practicar yoga ayudan a fortalecer los músculos respiratorios y mejorar la oxigenación. Algunas prácticas recomendadas incluyen:

  • Ejercicios de respiración profunda: Como la técnica de respiración 4-7-8, que ayuda a expandir los pulmones y mejorar el intercambio gaseoso.
  • Ejercicio aeróbico regular: Como correr o andar en bicicleta, que aumenta la capacidad pulmonar y la eficiencia del oxígeno en el cuerpo.
  • Posturas de yoga que favorecen la apertura torácica: Como la postura del puente o del pez, que pueden mejorar la capacidad pulmonar.

Cuidar lo que comemos, mantener una buena higiene del sueño y realizar ejercicio regularmente no solo mejora la salud pulmonar, sino que también nos ayuda a sentirnos con más energía y bienestar cada día.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

Cómo leer las etiquetas de los alimentos: claves para estar informado

Saber leer correctamente las etiquetas de los alimentos es determinante para evitar problemas de salud como la obesidad, diabetes o enfermedades cardiovasculares

En un mundo donde la oferta de productos en los supermercados es abrumadora, saber leer las etiquetas de los alimentos se ha convertido en una herramienta esencial para una alimentación saludable. Aunque en ocasiones la información puede parecer compleja, entender los ingredientes y los valores nutricionales ayuda a tomar decisiones informadas y a evitar productos que pueden contribuir a problemas de salud como obesidad, diabetes o enfermedades cardiovasculares.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LEER LAS ETIQUETAS?

Las etiquetas están diseñadas para ofrecer información detallada sobre el origen, los ingredientes y el valor nutricional de cada producto. En la Unión Europea, el etiquetado de los alimentos está regulado por el Reglamento (UE) Nº1169/2011 sobre la Información Alimentaria Facilitada al Consumidor, que protege el derecho de los ciudadanos a recibir información verídica.

En 2016, este reglamento se modificó para mejorar la claridad de la información, estableciendo normas como el uso de un tamaño mínimo de letra, la obligación de destacar los alérgenos y la inclusión de todos los datos en un mismo campo visual.

¿CÓMO LEER EL ETIQUETADO?

A la hora de leer las etiquetas, es fundamental revisar la fecha de caducidad, la información nutricional y el listado de ingredientes antes de comprar un producto. Estos últimos se encuentran ordenados de mayor a menor proporción, lo que significa que los primeros de la lista son los más abundantes en el producto. En este contexto, es recomendable priorizar aquellos productos que contengan grasas saludables, en lugar de grasas trans.

Otro aspecto clave es la información sobre los carbohidratos. Es importante distinguir entre:

  • Carbohidratos naturales, como los presentes en frutas y verduras.
  • Azúcares de absorción rápida, como la miel y los dulces.
  • Azúcares añadidos, que pueden aparecer en productos inesperados, como salsas,  panes industriales, embutidos, galletas saladas, etc.

Además, las etiquetas incluyen el tamaño de las porciones, una información fundamental para evitar confusiones al comparar productos.

¿QUÉ DATOS SON OBLIGATORIOS EN LAS ETIQUETAS?

Según la legislación europea, las etiquetas de los alimentos envasados deben incluir la siguiente información obligatoria:

  • Denominación del producto
  • Lista de ingredientes
  • Información sobre alérgenos
  • Tabla de información nutricional
  • Cantidad neta del producto
  • Fecha de caducidad o consumo preferente
  • Condiciones de conservación y modo de empleo
  • Datos de la empresa responsable
  • Lugar de procedencia

VALORES RECOMENDADOS: UNA GUÍA ÚTIL

Las etiquetas también muestran el porcentaje de valores diarios recomendados (VD%), que indica cuánto contribuye una porción de alimento al requerimiento diario de un nutriente. Por ejemplo, si un producto señala que aporta el 20% de la cantidad diaria recomendada de fibra, significa que con una sola porción se cubre una quinta parte del total que una persona necesita en un día.

Por último, es importante leer siempre las etiquetas antes de comprar un producto, ya sea en tienda física o en línea, ya que la información nutricional también debe estar disponible en las compras por internet. Conocer lo que estamos comiendo nos ayuda a mejorar nuestra alimentación y a prevenir problemas de salud a largo plazo. Por ello, la próxima vez que vayas al supermercado, tómate un momento para revisar la etiqueta. Pero sobre todo, céntrate en seleccionar alimentos frescos, naturales y de cercanía. Pequeños cambios en tus elecciones pueden marcar una gran diferencia en tu bienestar.

Así es el vínculo entre el autismo y la microbiota intestinal

Investigaciones revelan que existe una alteración en la microbiota de los niños con autismo, lo que podría tener un impacto en su desarrollo neurológico y en la forma en que procesan ciertos estímulos

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición que afecta a millones de personas en el mundo. Se manifiesta de diferentes maneras, pero en general, las personas con pueden tener dificultades en la comunicación, la interacción social y presentar ciertos patrones de comportamiento repetitivos. A lo largo de los años, los investigadores han tratado de comprender mejor qué factores pueden influir en el desarrollo del autismo, y uno de los más interesantes en los últimos tiempos es la microbiota intestinal.

La microbiota intestinal es el conjunto de bacterias y microorganismos que viven en nuestro intestino. Estos microorganismos cumplen funciones clave en la digestión, el sistema inmunológico e incluso en la regulación de neurotransmisores que influyen en el cerebro y el estado de ánimo. Se ha descubierto que existe un eje de comunicación entre el intestino y el cerebro, conocido como el eje microbiota-intestino-cerebro, que podría estar implicado en varios trastornos neurológicos y del desarrollo, incluido el autismo.

¿Cómo se relacionan el autismo y la microbiota intestinal?

Un estudio reciente realizado por la Universidad China de Hong Kong analizó muestras fecales de 1.627 niños de entre 1 y 13 años, tanto con TEA como neurotípicos. Los resultados fueron reveladores: los niños con autismo tenían menos diversidad de bacterias intestinales y 31 marcadores microbianos específicos asociados con el trastorno. Esto indica que existe una alteración en la microbiota de los niños con TEA, lo que podría tener un impacto en su desarrollo neurológico y en la forma en que procesan ciertos estímulos.

Otra investigación, llevada a cabo por la Universidad de Alicante y la Universidad de Murcia, encontró que los niños con autismo presentan niveles significativamente bajos de Bifidobacterium, una bacteria que desempeña un papel fundamental en la salud intestinal. Esta bacteria ayuda a la digestión, fortalece el sistema inmunológico y contribuye a la producción de neurotransmisores como la serotonina, que está relacionada con el bienestar emocional.

El hecho de que los niños con TEA tengan menos cantidad de Bifidobacterium podría explicar por qué muchos de ellos sufren problemas digestivos, ansiedad y otras alteraciones en su comportamiento. Esta relación sugiere que, al mejorar la salud intestinal, podríamos influir positivamente en algunos síntomas del autismo.

¿Cómo mejorar la microbiota intestinal?

Si bien aún se necesita más investigación, algunas estrategias han mostrado resultados prometedores en la modulación de la microbiota intestinal en niños con TEA:

  • Uso de probióticos y prebióticos: Los probióticos son microorganismos vivos que pueden restaurar el equilibrio de la microbiota. En algunos estudios, el uso de probióticos específicos ha mejorado síntomas digestivos y de comportamiento en niños con TEA. Los prebióticos, por otro lado, son un tipo de fibra que alimentan a las bacterias beneficiosas en el intestino, ayudando a su crecimiento.
  • Alimentación equilibrada: Una alimentación rica en fibra prebiótica, almidón resistentes,  frutas, verduras y alimentos fermentados puede favorecer el crecimiento de bacterias saludables en el intestino. Se ha observado que una alimentación  libre de ultraprocesados, gluten, y con menos azúcares refinados contribuye a mejorar la microbiota y la salud en general.
  • Reducción del uso innecesario de antibióticos: Los antibióticos pueden alterar la microbiota intestinal, eliminando no solo bacterias dañinas, sino también las beneficiosas. Es importante utilizarlos solo cuando sean realmente necesarios y bajo supervisión médica.
  • Trasplante de microbiota fecal: Aunque aún es una terapia experimental, en algunos casos se ha probado el trasplante de microbiota fecal en niños con TEA con resultados positivos. Se trata de transferir bacterias intestinales de una persona sana a una persona con disbiosis (desequilibrio en la microbiota) para restaurar su microbiota intestinal.
El futuro de la investigación

La relación entre el autismo y la microbiota intestinal es un campo de estudio en pleno crecimiento. Aunque todavía queda mucho por descubrir, los hallazgos actuales sugieren que mantener una microbiota equilibrada podría ser una pieza clave en la mejora de la calidad de vida de las personas con TEA. El desarrollo de estrategias terapéuticas personalizadas, basadas en la modulación de la microbiota, podría abrir nuevas puertas para un mejor manejo del autismo en el futuro.

Es importante seguir investigando y difundiendo información sobre este trastorno. La ciencia avanza y, con ella, la posibilidad de encontrar nuevas formas de ayudar a quienes viven con TEA y sus familias. Cuidar la microbiota es cuidar la salud, y quizás también una vía para mejorar el bienestar de muchas personas con autismo.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

El poder de la alcachofa: una hortaliza para cuidar tu digestión y tu saludcardiovascular

Esta hortaliza es rica en fibra, fósforo, hierro y potasio, vitaminas del grupo B (tiamina y B6), vitamina C, esteroles y cinarina

Una alimentación equilibrada y rica en vitaminas, minerales y fibra es esencial para mantener una buena salud. De hecho, el estilo de vida poco saludable suele ser la antesala de futuros problemas de salud. Es por ello que incluir las verduras entre los alimentos que comemos habitualmente puede ser muy beneficioso. Eso sí, si nos preguntamos cuál de ellas sería una buena opción, tenemos un gran ejemplo: la alcachofa.

Y es que, tal y como explica el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, nuestro país se encuentra en el lugar idóneo para cultivarla. Tanto es así que el cultivo de la alcachofa en España está documentado desde el tiempo de la Antigua Roma. Este alimento milenario puede comerse cocido, crudo, en ensalada o aliñado, y su mejor temporada de recolección y consumo se produce de septiembre a mayo. Pero, ¿por qué es tan beneficioso para nuestra salud?

ASÍ AYUDA LA ALCACHOFA A TU SALUD

Para conocer los beneficios de la alcachofa debemos fijarnos en sus valores nutricionales. En primer lugar, esta verdura es rica en fibra, fósforo, hierro y potasio, vitaminas del grupo B (tiamina y B6), vitamina C, esteroles y cinarina. Además del agua, su componente mayoritario son los hidratos de carbono.

De todos los hidratos de carbono que contiene, la fibra inulina sería uno de los más importantes. Pertenece al grupo de los frútanos, cuya composición les permite no ser digeridos en el intestino delgado. De esta manera, la inulina llega intacta al intestino grueso y es allí donde cumple su principal función: actuar como prebiótico alimentando la microbiota intestinal.

Los prebióticos actúan como nutrientes para la microbiota. ¿Qué quiere decir esto? Que sirven como alimento a las bacterias beneficiosas de nuestro sistema digestivo. Además, la fibra de la alcachofa ayuda a prevenir el estreñimiento. Todo ello ahonda en una mejor salud intestinal, así como global, por lo que este componente de la alcachofa sería muy beneficioso.

SALUD DIGESTIVA Y CARDIOVASCULAR

Igualmente, la alcachofa cuenta con algunas sustancias que se encuentran de manera natural y en pequeñas cantidades en el alimento, como pueden ser los esteroles. Estos tienen la capacidad de limitar la absorción del colesterol en el intestino, lo que beneficia a la salud cardiovascular.

Además, cuentan también con la cinarina, con múltiples beneficios:

  • Hepatoprotectoras: Estimula la producción y el flujo de bilis, favoreciendo la función del hígado y la digestión de las grasas.
  • Coleréticas y colagogas: Mejora el vaciado de la vesícula biliar, lo que puede ser útil en casos de dispepsia o digestiones pesadas.
  • Antioxidantes: Ayuda a combatir el estrés oxidativo, protegiendo las células hepáticas.
  • Ligeramente hipolipemiantes: Contribuye a la reducción de los niveles de colesterol LDL.

Así, este alimento sería uno de los más recomendables a la hora de incluir en nuestra alimentación  gracias a todos sus beneficios para la salud.