Cuidado con las quemaduras solares: ¿Qué hacer y qué no?

No se debe tomar el sol en los tramos horarios de mayor incidencia, es decir, entre las 12 y 17 horas, y es primordial utilizar siempre un factor de protección solar al menos de 30

El verano es una estación maravillosa porque podemos disfrutar de la playa, el sol, las terracitas, los amigos… Sin embargo, se puede convertir en una odisea si no hacemos uso del producto más importante en estas fechas: el protector solar.

Y es que, a pesar de toda la información que existe sobre la importancia de proteger nuestra piel de los rayos ultravioleta, todavía hay mucha gente que olvida realizar este paso tan importante antes de tomar el sol. ¿La consecuencia? Terribles quemaduras solares por todo el cuerpo.

La Academia Española de de Dermatología y Venereología (AEDV) señala que no se debe tomar el sol en los tramos horarios de mayor incidencia, es decir, entre las 12 y 17 horas, y es primordial utilizar siempre un factor de protección solar mínimo del 30.

Según la AEDV, las quemaduras solares se producen por la exposición excesiva de la piel a los rayos UVB (280 a 320 nm). Se producen signos y síntomas en 1 a 24 horas, que, salvo en los casos graves, alcanzan su pico máximo a las 72 horas.

Los cambios cutáneos van desde un eritema  leve con descamación evanescente a dolor, tumefacción, dolor en la piel y ampollas.

En cuanto a los síntomas de una quemadura, estos incluyen piel roja y sensible que está caliente al tacto, ampollas que aparecen de horas a días después, reacciones graves (algunas veces llamadas alergia solar), incluyendo fiebre, escalofríos, náuseas o erupción cutánea, así como peladura de la piel en áreas quemadas por el sol varios días después de la quemadura solar.

Por su lado, las complicaciones tardías más frecuentes son la infección secundaria, la pigmentación parcheada y erupciones de tipo miliaria. La piel exfoliada puede mostrar una especial sensibilidad al sol durante uno o varios años. 

La Fundación de Cáncer de Piel advierte de que una ampolla ocasionada por una quemadura aumenta doblemente el riesgo y las posibilidades de desarrollar melanoma. Una persona también duplica el riesgo de melanoma si ha tenido cinco o más quemaduras durante su vida.

“Tanto la quemadura solar como el bronceado inducen lesiones al ADN, que puede facilitar el camino al desarrollo del  cáncer de piel”, indican.

¿QUÉ DEBEMOS HACER Y QUÉ NO ANTE UNA QUEMADURA?

Una de las primeras cosas que hay que hacer cuando nos quemamos es intentar bajar la temperatura de la piel, ya sea mediante una ducha fría o aplicando compresas húmedas.

Por otro lado, es aconsejable hidratar la piel con productos nutritivos y regeneradores, como el aftersun. El aloe vera, por ejemplo, tiene un efecto antiinflamatorio y cualidades analgésicas.

Las cremas con vitamina C y E y de cortisona también pueden ayudar a reducir la inflamación.

De igual forma, es recomendable usar ropa holgada y de algodón y, dado que el organismo pierde muchos líquidos cuando nos quemamos, es recomendable aumentar la ingesta de agua.

Por el contrario, los expertos recomiendan evitar el uso de sustancias como la benzocaína, la lidocaína, la vaselina o el alcohol, así como productos en forma de aceite que pueden bloquear los poros y acabar causando una infección. No es aconsejable tocar las ampollas ni rascarse aunque sintamos picor. Volver a exponer la zona afectada al sol podría empeorar la quemadura.

No obstante, ante quemaduras más serias, cuando aparecen ampollas y siempre que haya fiebre, mucho dolor en las quemaduras, escalofríos o signos de infección, es imprescindible consultar al médico o al dermatólogo para tratarla de la forma más adecuada.

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