Dormir bien para respirar mejor: el sueño como pilar olvidado de la salud pulmonar

Mientras dormimos, el cuerpo regula la respiración, controla la inflamación, repara tejidos y ajusta el sistema inmunológico

Dormir suele verse como un simple descanso, pero desde el punto de vista médico es un proceso activo y fundamental para la salud pulmonar y de todo el organismo. Mientras dormimos, el cuerpo regula la respiración, controla la inflamación, repara tejidos y ajusta el sistema inmunológico. Cuando el sueño es insuficiente o de mala calidad, estos procesos se alteran y la respiración se resiente.

¿Qué ocurre en el cuerpo mientras dormimos?

Durante el sueño, especialmente en las fases profundas, el sistema respiratorio cambia su forma de funcionar: la respiración se vuelve más lenta y regular, los músculos se relajan y el cerebro ajusta el control de la ventilación. Todo esto es normal y necesario. Sin embargo, para que estos cambios sean beneficiosos, el sueño debe ser continuo y reparador.

La evidencia científica muestra que la fragmentación del sueño y la privación crónica se asocian con un aumento de marcadores inflamatorios como la interleucina 6 (IL-6), el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) y la proteína C reactiva (PCR). Estas sustancias están directamente relacionadas con un peor control de enfermedades respiratorias como el asma y la EPOC.

Dormir mal empeora la inflamación pulmonar

Los pulmones están expuestos de forma constante a virus, bacterias, contaminantes y alérgenos. Durante el sueño, el organismo aprovecha para regular la inflamación y reparar el tejido pulmonar. Cuando este proceso se interrumpe, la inflamación se mantiene activa.

Estudios publicados, han demostrado que las personas que duermen menos de 6 horas o presentan sueño fragmentado tienen mayor hiperreactividad bronquial, peor control del asma, más exacerbaciones respiratorias y una recuperación más lenta tras infecciones respiratorias.

Apnea del sueño: cuando dormir deja de ser reparador

La Apnea Obstructiva del Sueño (AOS) es uno de los trastornos del sueño con mayor impacto en la salud respiratoria. Se caracteriza por colapsos repetidos de la vía aérea durante la noche, que provocan bajadas de oxígeno y microdespertares continuos.

Según la American Academy of Sleep Medicine (AASM), la AOS no tratada produce hipoxia intermitente, estrés oxidativo y una activación persistente del sistema nervioso simpático. Este fenómeno aumenta la inflamación y empeora el control de enfermedades respiratorias crónicas como el asma y la EPOC.

Dormir, respirar y proteger el corazón

La European Respiratory Society (ERS) y las guías GOLD reconocen que los trastornos del sueño influyen negativamente en la evolución de las enfermedades respiratorias. Dormir mal se asocia con mayor riesgo de hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular, especialmente cuando existe hipoxia nocturna.

Dormir bien también es tratamiento

Mejorar la calidad del sueño es una intervención terapéutica clave. Incluye medidas de higiene del sueño, inmunonutrición, ejercicio físico, así como tratamiento específico de la apnea del sueño con CPAP, que ha demostrado mejorar la oxigenación, reducir la inflamación y disminuir el riesgo cardiovascular, y abordajes personalizados según cada paciente. Los pacientes que duermen mejor presentan menos exacerbaciones respiratorias, mejor respuesta a los tratamientos y mayor calidad de vida.

En definitiva, el sueño es un pilar olvidado de la salud pulmonar. No es un lujo ni una pérdida de tiempo, sino un proceso biológico esencial. Dormir bien ayuda a respirar mejor, reduce la inflamación y protege el corazón. En salud pulmonar, el sueño no es un complemento del tratamiento: es parte del tratamiento.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

Consejos para mejorar la calidad del sueño en verano

Ventilar la habitación o mantener una rutina durante el día beneficia el descanso y ayuda a mejorar la calidad del sueño

Con la llegada del verano, no solo cambian las temperaturas, también lo hace la calidad de nuestro sueño. Las noches calurosas, la mayor exposición a la luz y los cambios de rutina pueden alterar el descanso. Por esta razón es esencial tener en el radar estos consejos eficaces para que mejore tu descanso durante la época estival.

Temperatura ideal en el dormitorio

Lo más recomendable es mantener una temperatura estable en el dormitorio. Para ello:

  • Ventila la habitación durante la noche o a primera hora de la mañana.
  • Coloca un paño húmedo cerca de la cama o delante del ventilador para refrescar el ambiente.
    • Usa ventiladores para mover el aire.

Ropa cómoda y buen uso de las tecnologías

  • Opta por ropa de dormir ligera y de algodón, que ayuda al cuerpo a regular la temperatura.
  • Evita la luz intensa por la noche, especialmente la de móviles, ordenadores o televisores.
  • Estimula la melatonina durante el día, la hormona que regula el sueño,

Establece horarios regulares

  • Mantén una rutina de sueño constante, incluso en vacaciones: acuéstate y levántate a la misma hora todos los días, con una flexibilidad razonable.
  • Esto favorece un reloj biológico estable, clave para un descanso de calidad.
  • Cuida la alimentación: evita cenas copiosas, la cafeína a partir de media tarde y, por la noche, haz una ingesta de líquidos controlada.

Crea una rutina relajante antes de dormir

  • Dedica tiempo a actividades tranquilas: leer, escuchar música suave, o haz respiraciones profundas o meditación.
  • Evita usar la cama para trabajar o ver series. Tu cerebro debe asociarla exclusivamente con el descanso.

Mantener una correcta higiene del sueño no es misión imposible en verano, pero sí es clave prestar atención a las necesidades de nuestro descanso para conseguir marcar unos buenos hábitos. Adaptar el entorno, mantener rutinas y cuidar los hábitos diarios puede marcar una gran diferencia. Tu cuerpo, tu mente y tu estado de ánimo lo agradecerán. Y recuerda: descansar bien no solo te hace sentir mejor, también mejora tu salud física y emocional.

Estrategias Nutricionales basadas en PNIE para mejorar la calidad del sueño

La nutrición desempeña un papel clave en la regulación del sueño

La PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIE) estudia la interrelación entre los sistemas nervioso, inmunológico, endocrino y metabólico. En este contexto, la nutrición desempeña un papel clave en la regulación del sueño. La alimentación no solo influye en la producción de neurotransmisores y hormonas del sueño, sino que también regula la inflamación sistémica, la microbiota intestinal y el metabolismo energético, todos factores esenciales para un descanso reparador. Estas son las estrategias nutricionales para mejorara calidad del sueño.

NUTRIENTES CLAVES PARA EL SUEÑO
  1. Triptófano: Aminoácido esencial precursor de la serotonina y la melatonina, ambas fundamentales para regular el ciclo de sueño-vigilia. Se encuentra en alimentos como pavo, plátanos, huevos, frutos secos y lácteos.
  2. Magnesio: Mineral con propiedades relajantes que mejora la calidad del sueño al reducir el estrés y favorecer la producción de GABA. Se encuentra en semillas de calabaza, almendras, espinacas y cacao puro.
  3. Omega-3: Ácidos grasos esenciales con efecto antiinflamatorio y neuroprotector, fundamentales para la regulación de la neurotransmisión y la modulación del estrés oxidativo. Fuentes: sardinas, caballa,  salmón, y nueces.
  4. Vitamina D: Su deficiencia se ha asociado con trastornos del sueño y mayor riesgo de insomnio. Fuentes: pescado azul, hongos,  y sobre todo la exposición solar.
  5. Melatonina: Principal hormona reguladora del sueño, favorecida tras la ingesta de  alimentos como cerezas, uvas, tomates y frutos secos.
  6. Antioxidantes y polifenoles: Presentes en frutas y verduras, ayudan a reducir la inflamación y el estrés oxidativo, promoviendo un mejor descanso nocturno.
ALIMENTACIÓN RECOMENDADA

Para optimizar la calidad del sueño, es fundamental seguir una alimentación equilibrada con un enfoque antiinflamatorio y regulador del sistema nervioso. Se recomienda:

  1. Cena ligera y equilibrada: Incorporar proteínas magras (pollo, pavo, pescado, etc.), vegetales ricos en fibra y grasas saludables (aguacate, aceite de oliva, frutos secos). Evitar comidas copiosas y ultraprocesados que puedan alterar la digestión y el descanso.
  2. Incluir infusiones relajantes: Valeriana, manzanilla, lavanda o pasiflora pueden favorecer la relajación y conciliación del sueño.
  3. Evitar estimulantes: Reducir el consumo de cafeína, teína, alcohol y comidas ricas en azúcares refinados, especialmente en horas de la tarde y la noche.
  4. Regular los horarios de alimentación: Mantener horarios de comidas regulares y evitar el consumo de alimentos justo antes de dormir para optimizar la producción de melatonina.
  5. Consumir prebióticos y probióticos: Alimentos fermentados como kéfir, yogur natural, chucrut y kombucha ayudan a equilibrar la microbiota intestinal, favoreciendo la producción de neurotransmisores clave para el sueño. Así como prebióticos como ajo, cebolla, puerro, plátano, etc.

La combinación de una alimentación adecuada con buenos hábitos de sueño, exposición solar y manejo del estrés puede marcar una diferencia significativa en la calidad del descanso y en la salud general. Adoptar estrategias nutricionales basadas en la PNIE permite no solo mejorar el sueño, sino también optimizar la salud metabólica, inmunológica y emocional.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

Desafiando al insomnio: estrategias para recuperar un sueño reparador

Exploramos la intrigante relación entre la microbiota intestinal y el sueño

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

¿Sabías que tu sueño pueden estar vinculado a un universo microscópico dentro de ti? La intrigante relación entre la microbiota intestinal y el sueño ha dejado a la ciencia boquiabierta. En este artículo, exploramos cómo estos pequeños habitantes de tu intestino desempeñan un papel esencial en la regulación del sueño.

¿EN QUÉ CONSISTE ESTA CONEXIÓN

La respuesta podría estar en el equilibrio de la microbiota. La microbiota intestinal, compuesta por trillones de microorganismos, juega un papel crucial en la salud general, incluyendo la calidad del sueño. Estos microorganismos influyen en la producción de neurotransmisores como la serotonina y hormona como la melatonina, que regulan el ciclo del sueño y la vigilia.

OPTIMIZA TU SUEÑO NUTRIENDO TU MICROBIOTA

La salud de tu microbiota intestinal puede influir significativamente en la calidad de tu sueño.

Aquí hay algunos consejos para alimentar y cuidar tus microorganismos y mejorar tus noches de descanso:

1. Fibra, amiga de la microbiota

Incluye alimentos ricos en fibra, como frutas, verduras, almidón resistente, legumbres, etc. La fibra actúa como alimento para las bacterias beneficiosas en tu intestino, promoviendo un equilibrio saludable.

2. Alimentos fermentados

Incorpora alimentos fermentados como yogur, kéfir, chucrut, kimchi y Kombucha, etc. Estos contienen bacterias beneficiosas que pueden mejorar la diversidad y salud de tu microbiota.

3. Prebióticos

Consume alimentos ricos en prebióticos, como ajo, cebolla, plátanos verdes, alcachofas. Etc. Estos compuestos alimentan directamente a las bacterias beneficiosas, fomentando su crecimiento.

4. Evita azúcares y productos procesados

Evita el consumo de productos con azúcares añadidos  y procesados, ya que alteran el equilibrio de la microbiota. Opta por opciones frescas y naturales.

5. Infusiones de hierbas relajantes

Toma infusiones de hierbas como manzanilla, hierba Luisa y valeriana antes de dormir. Además de ser relajantes, algunas hierbas tienen propiedades que pueden beneficiar la microbiota.

6. Horarios regulares de comida

Establece horarios regulares para tus comidas. Esto ayuda a mantener un ritmo circadiano saludable, lo que puede impactar positivamente en tu sueño.

7. Limita la cafeína y el alcohol

Reduce el consumo de cafeína y alcohol, especialmente en las horas previas al sueño. Estas sustancias pueden interferir con la calidad del descanso y afectar la microbiota.

8-Exposción a la luz solar al amanecer y al atardecer.

LA CIENCIA DETRÁS DE LA MICROBIOTA Y EL SUEÑO

La importancia de la Serotonina

La microbiota intestinal es responsable de la producción de hasta el 90% de la serotonina, un neurotransmisor asociado con la felicidad y el bienestar, y precursor de la melatonina, la hormona que controla el ciclo de sueño y vigilia. Además, generan GABA, una sustancia que tiene un efecto relajante al inhibir el estrés.

Comunicación entre el Intestino y el Cerebro

En el lenguaje que permite a la microbiota comunicarse con el intestino y el cerebro, la serotonina es una pieza clave. Diferentes estudios han demostrado que las personas que sufren de insomnio y depresión a menudo no tienen el equilibrio adecuado en su microbiota intestinal, o sus microorganismos no se encuentran equilibrados correctamente.

Estrategias para mejorar el Sueño

Es interesante observar la mejoría clara en los pacientes cuando se aborda el trastorno del sueño desde la perspectiva de la microbiota. Al tratar la causa subyacente del desequilibrio microbiano, muchos pacientes experimentan una mejora significativa en la calidad del sueño y en su salud general.

En conclusión, al optimizar tu microbiota intestinal a través de una alimentación equilibrada y un estilo de vida saludable, puedes mejorar significativamente la calidad de tu sueño y tu bienestar general. Recuerda que cada cuerpo es único y es importante escuchar a tu propio organismo para encontrar las mejores estrategias que funcionen para ti de la mano de tu médico.

Duerme mejor, respira mejor: mejora tu calidad de sueño para una salud respiratoria óptima

La calidad del sueño desempeña un papel crucial en nuestra salud respiratoria

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

La calidad del sueño desempeña un papel crucial en nuestra salud respiratoria. Durante el sueño, el organismo se recupera y se repara, incluyendo el sistema respiratorio. Por tanto, es fundamental tomar medidas para mejorar la calidad del sueño y promover una mejor salud respiratoria.

Te presentamos algunas estrategias efectivas para lograrlo:

Mantén un horario regular de sueño

Establecer un horario de sueño consistente es una de las formas más efectivas de mejorar la calidad del sueño. Acuéstate y levántate a la misma hora todos los días, incluso los fines de semana, para mantener un ritmo circadiano saludable. Esto ayuda a regular los ciclos de sueño y vigilia, lo que mejora tanto la calidad como la duración del sueño.

Crea un ambiente propicio para dormir

Transforma tu dormitorio en un santuario para el sueño:

Temperatura. Mantén la habitación fresca.

Oscuridad. Usa cortinas opacas o un antifaz para bloquear la luz.

Silencio. Minimiza los ruidos molestos con tapones para los oídos si es necesario.

Tecnología. Evita el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarte. La luz azul emitida por estos dispositivos puede interferir con la producción de melatonina, la hormona del sueño y quien regula el ciclo sueño-vigilia.

Practica técnicas de relajación

Incorporar técnicas de relajación antes de acostarte puede mejorar la calidad del sueño y promover una respiración más profunda y regular. Prueba con:

Meditación: Dedica unos minutos a meditar y calmar tu mente.

Respiración profunda: Realiza ejercicios de respiración para relajar tu cuerpo.

Yoga suave: Practica algunas posturas suaves de yoga para aliviar la tensión.

Mantén un estilo de vida saludable

Un estilo de vida saludable durante el día es clave para un buen sueño. Aquí tienes algunos consejos:

Ejercicio. Haz ejercicio regularmente, pero evita hacerlo justo antes de acostarte.

Cafeína y alcohol. Reduce el consumo de cafeína y alcohol, especialmente en las horas previas a dormir.

Cena ligero. Opta por una cena ligera y saludable al menos dos horas antes de acostarte.

Rutina relajante. Establece una rutina relajante antes de dormir, como leer un libro, orar/rezar, tomar un baño caliente o escuchar música suave.

En resumen

Mejorar la calidad del sueño es fundamental para una mejor salud respiratoria. Al establecer un horario regular de sueño, crear un ambiente propicio para dormir, practicar técnicas de relajación y mantener un estilo de vida saludable, podemos promover un sueño reparador que beneficie nuestra salud respiratoria y general.

Implementa estos consejos y disfruta de un sueño de calidad que no solo mejorará tu salud respiratoria, sino también tu bienestar general. ¡Duerme bien y respira mejor!

¿Por qué es importante un buen descanso? Así afecta una mala calidad del sueño a tu organismo

Un horario de sueño regular y un ambiente propicio para dormir son algunos de los consejos que mejoran el descanso nocturno

Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), el 48% de los adultos y el 25% de los niños españoles no tienen un sueño de calidad. Sin embargo, un buen descanso es fundamental para mantener un estilo de vida saludable y garantizar el funcionamiento óptimo del organismo, a nivel físico, de desarrollo y mental. A pesar de ello, el desconocimiento, la falta de sensibilización y el elevado ritmo de vida hacen que gran parte de la población tenga una mala calidad del sueño, un hecho que afecta gravemente a la salud del organismo.

CONSECUENCIAS DE UNA MALA CALIDAD DEL SUEÑO

El descanso forma parte de nuestro día a día y tiene un impacto significativo en la salud general. Por ello, es recomendable priorizar la calidad del sueño, ya que es una inversión en el bienestar a largo plazo. De lo contrario, una falta de buen descanso puede afectar de las siguientes formas:

  • Recuperación física y mental: durante el sueño, el cuerpo lleva a cabo procesos de reparación celular, fortalecimiento del sistema inmune y consolidación de la memoria. La falta de sueño dificulta la capacidad del cuerpo para recuperarse del estrés diario, afectando negativamente al rendimiento a distintos niveles.
  • Regulación del estrés y la ansiedad: una noche sin descanso reparador afecta a la liberación de cortisol, la hormona del estrés. Esto contribuye a la irritabilidad, a la falta de concentración y a los problemas cardiovasculares. En cambio, un descanso adecuado ayuda a mantener el equilibrio hormonal saludable, lo que se traduce en una mejor capacidad para hacer frente a situaciones estresantes.
  • Impacto en la salud cardiovascular: durante el sueño profundo, el cuerpo regula la presión arterial y reduce la carga sobre el sistema cardiovascular. Por tanto, el insomnio crónico y los problemas de sueño se asocian a un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardíacas y presión arterial elevada.
  • Cambios en el peso y el metabolismo: las hormonas que regulan el apetito también se ven afectadas ante una mala higiene del sueño. Ello puede llevar a un aumento en la necesidad de picar entre horas, un hábito para el que generalmente se escogen alimentos procesados. A largo plazo, esto puede contribuir al sobrepeso u obesidad y sus complicaciones asociadas, así como a una peor salud metabólica con el riesgo a desarrollar otras enfermedades, como la diabetes tipo 2.
  • Rendimiento cognitivo: durante el descanso reparador se consolida la memoria y se fortalecen las conexiones neuronales. La falta de sueño afecta a la atención, a la concentración y a la toma de decisiones, lo que tiene repercusiones directas en la productividad y el rendimiento académico o laboral.
  • En niños, afecta al correcto desarrollo: el sueño es una necesidad fisiológica más del cuerpo humano y, si no se atiende en edades tempranas, afecta al resto de capacidades. Los niños y los bebés necesitan dormir más horas para que su organismo inmaduro pueda cumplir con sus necesidades, utilizando el descanso para resetear el sistema nervioso central.

RECOMENDACIONES PARA MEJORAR LA CALIDAD DEL SUEÑO

El sueño es un mecanismo transversal para el organismo, así que cuidarlo para dormir la cantidad de horas adecuadas y de forma reparadora es fundamental. Estos son los consejos a seguir para tener un buen descanso:

  • Alimentación verduras, proteína de calidad, algo de frutas y alimentos fermentados. 
  • Establecer un horario de sueño rutinario para regular el reloj biológico.
  • Crear un ambiente propicio para el descanso, con una temperatura adecuada en la habitación, con oscuridad y sin distracciones ni ruidos.
  • Limitar la exposición a pantallas electrónicas 2 horas antes de acostarse, ya que la luz azul interfiere con la producción de melatonina, la hormona del sueño.
  • Realizar actividad física regularmente, para alcanzar un sueño más profundo, aunque es importante no practicar ejercicio intenso justo antes de acostarse.
  • Evitar las siestas prolongadas y no después de las 14:00 h, para no retrasar el horario de sueño. Con 20 o 25 minutos de siesta podría ser suficiente.
  • Evitar el consumo de cafeína y comidas pesadas, así como el tabaco o el alcohol especialmente antes de dormir.
  • Practicar técnicas de relajación como la meditación, la respiración profunda o la lectura, para aliviar el estrés y contribuir a la relajación mental.

Si los problemas de sueño no se producen de forma puntual y persisten en el tiempo, es aconsejable consultarlo con un especialista.

¿Cuáles son las consecuencias de dormir mal?

Los niños necesitan dormir entre 9-12 horas; los jóvenes y adultos, entre 7-9 horas; y las personas mayores, 6 horas o más

Dormir es una necesidad vital que nos permite restablecer el equilibrio físico y psicológico básico y realizar las actividades diarias con normalidad. Cada edad tiene unas necesidades de sueño diferente: los niños necesitan dormir entre 9-12 horas; los jóvenes y adultos, entre 7-9 horas; y las personas mayores, 6 horas o más.

Hay veces que la cantidad de horas no corresponde con la calidad de las mismas y el sueño no resulta reparador, no produce descanso y, por lo tanto, hay somnolencia al día siguiente, es decir, aparece el temido insomnio.

El insomnio, según el Instituto del Sueño, consiste en la reducción de la capacidad para dormir. Se puede manifestar de diversos modos y dar lugar a dos tipos de insomnio: insomnio de inicio (problemas para iniciar el sueño en menos de 30 minutos) e insomnio de mantenimiento (problemas para mantener el sueño).

Entre los síntomas principales del insomnio destacan, tal y como explica el Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y Sangre de Estados Unidos: permanecer despierto durante mucho tiempo después de acostarse, dormir por periodos cortos, despertarse temprano y no volver a conciliar el sueño o tener sueño de mala calidad.

CONSECUENCIAS DE DORMIR MAL

Dormir poco o mal puede afectar a la salud física y mental. En este sentido, puede dificultar la concentración y el aprendizaje. También puede provocar irritabilidad, tristeza y dolores de cabeza.

Por otro lado, el Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y Sangre de Estados Unidos explica que, a largo plazo, el insomnio puede aumentar el riesgo de padecer problemas respiratorios (asma), problemas cardiacos (arritmias, insuficiencia cardiaca, hipertensión) y problemas de salud mental (ansiedad y depresión).

También, complicaciones en el embarazo (tener más dolor en el parto), problemas en el sistema inmunitario (ser más propensos a los gérmenes) y problemas con el metabolismo (sobrepeso y obesidad).

Las horas de sueño que necesitas según tu edad

La cantidad de horas de sueño varía según la persona y cambia a lo largo del ciclo de la vida

El sueño es una necesidad básica, al igual que lo es comer y beber. No dormir lo suficiente puede tener graves consecuencias para la salud: se incrementa el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y diabetes, se aumenta el riesgo de sobrepeso u obesidad, la concentración y la memoria disminuye, y los niveles de ansiedad y estrés se incrementan.

En este sentido, la cantidad de horas de sueño varía según la persona y cambia a lo largo del ciclo de la vida. Por ejemplo, los bebés necesitan dormir entre 16 y 18 horas, los niños en edad preescolar, entre 11 y 12 horas, los niños y adolescentes en edad escolar, una media de 10 horas, y los adultos entre 7 y 8 horas.

Además de dormir las horas recomendadas, es importante que el sueño sea de calidad. Y es que, tal y como especifica la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, las personas cuyo sueño suele interrumpirse o acortarse pueden no pasar suficiente tiempo en las diferentes etapas del sueño.

BENEFICIOS DEL SUEÑO Y PAUTAS PARA DORMIR CORRECTAMENTE

Tal y como destaca la Fundación Española del Corazón, los beneficios de dormir bien son numerosos: incrementa la creatividad, ayuda a perder peso, mejora la memoria, protege el corazón, reduce la depresión y favorece el sistema inmunitario.

Pero, ¿cómo dormir bien? Para empezar, se debe crear un ambiente relajado; es decir, la habitación debe tener una temperatura agradable, sin ruidos y sin luz. El colchón y la almohada tienen que ser cómodos.

Por otro lado, es recomendable mantener un horario regular, acostándose y levantándose siempre a la misma hora, practicar ejercicio de forma habitual, pero nunca justo antes de dormir y evitar las comidas copiosas, que pueden dificultar la digestión.

Asimismo, debe evitarse la exposición a las pantallas electrónicas antes de dormir, no consumir sustancias estimulantes, y no pensar en tareas pendientes o preocupaciones, ya que pueden dificultar el sueño.