¿Cómo fortalecer tu sistema inmunitario ante las infecciones respiratorias?

La alimentación, un estilo de vida saludable y una suplementación adecuada pueden ser tus grandes aliados para fortalecer tu sistema inmunitario

Las infecciones respiratorias —desde los resfriados comunes hasta la gripe o la bronquitis— se intensifican en los meses fríos, cuando el sistema inmunitario puede estar más debilitado. Para fortalecer nuestras defensas es recomendable adoptar hábitos sostenibles que integren una buena alimentación, exposición solar, equilibrio intestinal y estilo de vida saludable.

La alimentación, motor de la inmunidad

La nutrición es uno de los factores más determinantes en la prevención de enfermedades de las vías respiratorias. Los alimentos ricos en vitaminas, minerales y antioxidantes refuerzan las defensas naturales y contribuyen al buen funcionamiento del aparato respiratorio.

Entre los nutrientes más destacados se encuentran:

  • Vitamina C, presente en cítricos, kiwi, fresas o pimientos, que estimula la producción de glóbulos blancos.
  • Vitamina A, esencial para el mantenimiento de las mucosas (zanahoria, calabaza, espinacas).
  • Zinc y selenio, con acción antioxidante, que ayudan a reducir la inflamación y la susceptibilidad a infecciones (frutos secos, mariscos, cereales integrales).
  • Ácidos grasos omega-3, presentes en pescados grasos como el salmón o las sardinas, que contribuyen a una mejor respuesta inmunitaria.

El estudio nutricional de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC), realizado en colaboración con la Asociación APEPOC, refuerza esta idea: una alimentación equilibrada no solo previene enfermedades crónicas, sino que mejora la función pulmonar y la capacidad del organismo para combatir infecciones respiratorias.

Vitamina D y microbiota: una conexión inmunitaria esencial

El papel de la vitamina D va mucho más allá del metabolismo óseo. Esta hormona tiene una función inmunorreguladora fundamental, y el consumo de niveles adecuados se asocia con una menor incidencia y gravedad de infecciones respiratorias agudas. Su acción se debe a que modula la respuesta de las células inmunitarias, promoviendo una defensa eficaz frente a virus y bacterias, pero sin generar una inflamación excesiva.

La exposición solar moderada es la principal fuente de esta vitamina, aunque también puede obtenerse mediante alimentos como pescados grasos, huevos o lácteos fortificados. En los meses de menor radiación solar, el déficit es frecuente, por lo que resulta especialmente importante mantener una dieta rica en vitamina D.

Hábitos de vida que refuerzan tus defensas

Además de la alimentación y los nutrientes, los hábitos saludables son esenciales para un sistema inmunitario fuerte. El ejercicio físico regular, un buen descanso nocturno y la gestión del estrés influyen directamente en la capacidad del organismo para combatir infecciones. Dormir poco o vivir con un estrés mantenido puede debilitar las defensas, mientras que mantener una rutina activa y equilibrada mejora la respuesta inmunitaria.

Por otra parte, evitar el tabaco y los ambientes contaminados es clave: el humo y los irritantes dañan el epitelio respiratorio, primera barrera frente a patógenos. La hidratación adecuada también favorece el buen estado de las mucosas respiratorias, ayudando a eliminar partículas y microorganismos.

Además, es importante ventilar los espacios cerrados, lavarse las manos con frecuencia y mantener una buena higiene ambiental, especialmente durante el otoño e invierno, cuando los virus respiratorios circulan con más facilidad.

Un enfoque integral de prevención

Los pulmones, el intestino y la piel actúan de manera coordinada en la defensa del organismo. Por ello, más que centrarse en un solo nutriente o suplemento, lo recomendable es adoptar un estilo de vida saludable al completo.

  • Alimentación variada, rica en vitaminas y antioxidantes.
  • Exposición solar moderada y, si es necesario, control de los niveles de vitamina D.
  • Cuidado de la microbiota intestinal mediante alimentos fermentados y fibra vegetal.
  • Ejercicio regular, descanso adecuado y gestión del estrés.
  • Evitar el tabaco y los contaminantes ambientales.

Fortalecer el sistema inmunitario se consigue con constancia. Una dieta rica en frutas, verduras, omega-3 y micronutrientes; una microbiota intestinal equilibrada; una exposición solar adecuada y siempre con la protección necesaria, y unos hábitos saludables conforman la mejor estrategia preventiva frente a las infecciones respiratorias.

Microbiota y VIH: reconstruir el equilibrio desde dentro

En personas con VIH, cuidar el intestino es una forma de fortalecer las defensas, reducir la inflamación y mejorar la energía vital.

El virus de inmunodeficiencia humana (VIH) no solo afecta al sistema inmunitario; también altera profundamente la microbiota intestinal y respiratoria. Hoy sabemos que este desequilibrio influye en la inflamación crónica, la respuesta al tratamiento y el bienestar general.

Lo que dice la evidencia
  • Investigaciones recientes (Microbiome Journal, 2024) muestran que las personas con VIH presentan una microbiota intestinal menos diversa, con predominio de bacterias proinflamatorias.
  • Aunque la terapia antirretroviral (TAR) mejora el control viral, no siempre normaliza completamente la microbiota, lo que puede contribuir a inflamación persistente y mayor riesgo de enfermedades metabólicas.
  • El microbioma pulmonar también cambia, favoreciendo la colonización por patógenos oportunistas (Wang et al., J. Clin. Microbiol., 2022).
Un enfoque integrativo

Desde la Psiconeuroinmunología clínica (PNIe), sabemos que la salud intestinal, el sistema inmune y el bienestar emocional están interconectados. En personas con VIH, cuidar el intestino es una forma de fortalecer las defensas, reducir la inflamación y mejorar la energía vital.

Estrategias recomendadas
  1. Seguir la terapia antirretroviral sin interrupciones, pautada por tu medico. Es la base del control inmunológico.
  2. Incluir alimentos antiinflamatorios y prebióticos. Verduras, frutas, legumbres,  ayudan a recuperar la diversidad bacteriana.
  3. Controlar el estrés crónico. El cortisol elevado puede empeorar la disbiosis y debilitar el sistema inmune.
  4. Valorar apoyo probiótico con asesoría médica. Algunas cepas específicas han mostrado beneficios en restaurar parte de la microbiota alterada.
  5. Mantener vigilancia respiratoria. La Terapia Respiratoria Domiciliaria (TRD), si está indicada, debe combinarse con prevención de infecciones (vacunas, higiene de equipos y humidificación adecuada).
 Mensaje final

Vivir con VIH hoy es compatible con una vida plena y activa. Integrar la salud intestinal, el equilibrio emocional y el cuidado respiratorio mejora no solo la inmunidad, sino también la calidad de vida.
En este 1 de diciembre, Día Mundial del SIDA, recordemos que la salud se construye desde adentro: cuerpo, mente y microbiota en armonía.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) más frecuentes y los métodos de prevención

La Organización Mundial de la Salud estima que cada día se producen un millón de contagios de ITS, siendo la mayoría de los casos asintomáticos

Hacer frente a las infecciones de transmisión sexual (ITS) supone un esfuerzo global. La falta de conciencia y educación sexual, el acceso limitado a los servicios de salud, los cambios en las dinámicas sociales y culturales y el aumento de contagios ha colocado a las ITS como uno de los desafíos sanitarios más importantes de la actualidad. La preocupación reside, además, en que la mayoría de los casos son asintomáticos, cuando se estima que cada día más de un millón de personas contraen alguna infección de transmisión sexual, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por todo ello, trabajar desde la sensibilización y la educación sexual se ha transformado en una prioridad para evitar el agravio de la situación, incidiendo especialmente en los métodos de prevención.

INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL MÁS FRECUENTES

Atendiendo a los datos de la OMS, estas son las infecciones de transmisión sexual con mayor incidencia en el panorama actual:

  • Herpes genital. Se estima que 491 millones de personas con edades comprendidas entre los 15 y los 49 años (el 13% de la población) tiene una infección por el virus del herpes simple de tipo 2 (VHS-2), la causa principal del herpes genital. Se manifiesta con llagas dolorosas en los genitales o áreas circundantes. Aunque puede presentarse asintomático, algunos experimentan síntomas como picazón, dolor y flujo vaginal o uretral. La transmisión ocurre a través del contacto directo con las llagas o la piel afectada. El tratamiento médico para combatir esta ITS consiste en los antivirales.
  • Virus del Papiloma Humano (VPH). Actualmente hay cerca de 300 millones de mujeres infectadas por el VPH, mientras que 1 de cada 3 hombres mayores de 15 años también lo está. El VPH comprende un grupo de virus con diversas cepas que pueden causar verrugas genitales y aumentan el riesgo de cáncer cervical, aunque en otros casos la infección es asintomática. La transmisión se produce por contacto directo con la piel o mucosas infectadas, normalmente durante las relaciones sexuales. Las opciones de tratamiento varían, y en algunos casos, el sistema inmunológico puede eliminar la infección. Las verrugas pueden ser eliminadas quirúrgicamente, también pueden recetarse fármacos para combatirlas y, en el caso de cáncer de cérvix, existen tratamientos oncológicos. No obstante, la vacunación es clave para prevenir ciertas cepas de VPH.
  • Tricomoniasis: la OMS estima la existencia de 156 millones de personas con esta infección, que está causada por el parásito Trichomonas vaginalis. La tricomoniasis afecta principalmente a las mujeres y suelen demostrarse síntomas como picazón, dolor y flujo vaginal, pero en muchos casos, la infección también puede ser asintomática. La transmisión se da por contacto sexual directo y el tratamiento implica medicamentos antiparasitarios.
  • Clamidiosis: aproximadamente, unos 129 millones de personas sufren clamidia o clamidiosis, ITS provocada por la bacteria Chlamydia trachomatis. Aunque puede que la infección no demuestre síntomas, los más comunes son dolor al orinar y flujo o secreciones genitales anormales. En hombres, puede producir inflamación y dolor en los testículos. El contagio ocurre tras el contacto directo con los fluidos infectados y el tratamiento es antibiótico para combatir la bacteria.
  • Gonorrea: son 82 los millones de personas afectadas por la infección de gonorrea, ocasionada por la bacteria Neisseria gonorrhoeae. Puede afectar a genitales, boca, garganta, ojos y recto, con síntomas que van desde secreciones anormales al dolor al orinar y dolor abdominal. La transmisión ocurre por contacto sexual directo y los antibióticos son la solución farmacológica indicada, aunque la resistencia a estos medicamentos está en aumento.
  • Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH): esta enfermedad, considerada como uno de los mayores problemas para la salud pública mundial por la OMS, afecta a 39 millones de personas en todo el mundo. El VIH ataca el sistema inmunológico y puede llevar al SIDA. Los síntomas iniciales pueden incluir fiebre, fatiga y pérdida de peso, pero la infección debilita progresivamente al sistema inmunitario y puede ir generando otros más graves. La transmisión ocurre por vía sexual, vía sanguínea o de madre a hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia. El tratamiento implica medicamentos antirretrovirales, aunque todavía no existe una cura para la infección. Cabe mencionar que las personas con VIH que están bajo tratamiento no transmiten la enfermedad.

MÉTODOS DE PREVENCIÓN CONTRA LAS ITS

La educación sexual es esencial para prevenir las infecciones de transmisión sexual, destacando el uso de preservativos como barrera física. La comunicación abierta sobre la salud sexual con la pareja/s sexual, las pruebas regulares y la concienciación pública son las herramientas más poderosas en la prevención de estas infecciones. Asimismo, la vacunación contra algunas de estas enfermedades, la detección temprana y el tratamiento oportuno son fundamentales para limitar la propagación de las ITS.

Neumonía: cómo prevenir y tratar esta enfermedad respiratoria

Esta patología afecta especialmente a los niños menores de 5 años, a los mayores de 65, personas inmunodeprimidas y fumadores

Cuando pensamos en neumonía lo primero que se nos viene a la cabeza es una enfermedad respiratoria de carácter grave. Lo cierto es que podríamos considerarla como tal, ya que fue la causa de muerte de 800.000 niños en 2019, según UNICEF. Sin embargo, esta enfermedad también afecta a otra población de riesgo, como a las personas mayores, a las inmunodeprimidas y a los fumadores. Siguiendo las cifras de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), esta patología causa entre 9.000 y 10.000 fallecimientos al año en España. Por lo tanto, saber cómo prevenir y tratar la neumonía es fundamental para evitar las peores consecuencias.

¿QUÉ ES LA NEUMONÍA?

La neumonía es una enfermedad de carácter infeccioso y con riesgo de contagio generalmente causada por la bacteria Streptococcus pneumoniae, más comúnmente conocida como neumococo. No obstante, esta patología también puede estar causada por otros microorganismos que nuestro sistema inmune no es capaz de combatir, tales como los virus de la gripe, el sincitial, los rinovirus o los hongos. Lo más frecuente es que los casos de neumonía aumenten en los meses de temperaturas bajas, ya que suele haber una menor ventilación de los espacios.

La enfermedad consiste en la infección aguda de los alveolos, los pequeños sacos de nuestros pulmones que durante la respiración se llenan de aire. Sin embargo, en personas con neumonía, estos saquitos se encuentran llenos de pus y líquido. Esto perjudica el acto de la respiración: disminuye la cantidad de oxígeno que entra en nuestros pulmones y, por tanto, nuestro organismo absorbe menos volumen. Los síntomas más comunes de esta patología son la fiebre alta acompañada de escalofríos, tos con esputo, dolor en el costado, dificultad para respirar y sensación de cansancio o confusión.

La incidencia de la neumonía es mayor entre la población infantil menor de 5 años, en los mayores de 65 años y en pacientes inmunodeprimidos, ya que su sistema inmunológico no es tan fuerte. No obstante, los fumadores y las personas que presentan enfermedades crónicas respiratorias también pueden desarrollar graves cuadros de neumonía, al tener debilitado su sistema respiratorio. Por todo ello, el contagio de esta enfermedad respiratoria puede tener consecuencias muy graves para la salud de la población vulnerable y para quienes ya presentaban alguna otra complicación previa.

PREVENCIÓN DE LA NEUMONÍA

La prevención de la neumonía es fundamental para evitar esas consecuencias fatales y la mejor forma de anticiparse al contagio es con la vacunación. Las vacunas contra los neumococos, el Hib, el sarampión, la Covid-19, la varicela, la influenza y la tos ferina permiten la inmunización contra la neumonía. Las distintas Comunidades Autónomas abren sus respectivas campañas de vacunación para disminuir la tasa de letalidad de la enfermedad neumocócica, tanto en la población general como en los pacientes de riesgo, así que no dudes en consultar a tu médico para informarte sobre las diferentes vacunas y saber si eres población vulnerable.

Mantener un sistema inmunológico fuerte también ayudará a prevenir la enfermedad, ya que nuestras defensas podrán combatir mejor los patógenos. Por lo tanto, será importante cuidar la alimentación a través de una dieta saludable y equilibrada, en la que predominen las frutas y las verduras. Ese estilo de vida saludable lo completan el consumo diario de agua en su cantidad recomendada, realizar actividad física todos los días, intentar evitar el estrés y favorecer un horario de sueño óptimo y regular.

Por otro lado, el control de los factores ambientales es otro de los elementos que puede ayudar a disminuir el contagio. La correcta ventilación e higiene de los espacios, especialmente de aquellos que son más concurridos, permitirá la circulación del aire para eliminar los virus, hongos y bacterias presentes en el ambiente. Además, la contaminación atmosférica aumenta el riesgo de sufrir enfermedades y alergias respiratorias, así que es recomendable evitar los espacios cerrados y aquellos lugares al aire libre con altos niveles de polución. Por todo ello, el uso de mascarilla está indicado como método de prevención.

TRATAMIENTO DE LA NEUMONÍA

Los pacientes en los que la neumonía esté causada por una bacteria serán tratados con antibiótico, pero si está provocada por un virus u hongo, podrán recetarse tratamientos antivirales y antimicóticos. En cualquier caso, hay que acudir a consulta para que el médico prescriba los medicamentos y dosis óptimas, junto a las indicaciones para controlar la enfermedad, que seguramente incluyan reposo y mucha hidratación. En los casos más graves, el paciente puede requerir tratamiento en las unidades de cuidados intensivos, con medicamentos y líquidos suministrados por vía endovenosa y oxígenoterapia para aumentar el volumen de oxígeno en sangre.

Estas son las infecciones y patologías más comunes en otoño

Siguiendo un estilo de vida saludable podemos fortalecer nuestro sistema inmune

Cuando llegan el otoño y el invierno, tendemos a enfermar con más frecuencia. Pese a las creencias de que el frío es el que nos hace contraer infecciones, lo cierto es que, según los estudios, más bien se trata de que las bajas temperaturas debilitan las defensas de la nariz, por lo que nuestra respuesta inmune para combatir los patógenos es más débil. También es el momento en el que distintas patologías se reagudizan. Estas son las infecciones y las patologías más comunes del otoño:

  • Resfriados: también conocido comúnmente como catarro, es una infección vírica que afecta a las vías respiratorias altas (nariz, oído medio, garganta y laringe) y sus síntomas más frecuentes son los estornudos, las secreciones y congestión nasal, picor de garganta y malestar general. La tos suele aparecer en unos dos días, cuando la mucosidad se espesa y dificulta la respiración. En cuestión de unos 10 días, el resfriado debería haber mejorado.
  • Gripe: aunque es similar al catarro y también se produce por una infección vírica, se diferencia de él en que es un cuadro más agudo que suele ir acompañada de fiebre, superando los 38ºC de temperatura basal. Además, con ella tienden a aparecer cefaleas, dolor muscular, tos seca, sensación de cansancio y malestar. En torno a las 48 horas, los síntomas empiezan a remitir y generalmente no se suceden mayores complicaciones en personas con un buen estado de salud.
  • Covid-19: desde hace tres años esta patología producida por la infección por el virus SARS-CoV-2 también se incluye entre las enfermedades que podemos contraer en invierno. Fiebre, tos, dificultad para respirar, fatiga, dolores musculares o de cabeza son algunos de sus síntomas más característicos.
  • Bronquitis: se trata de una inflamación de los conductos bronquiales, que son las vías encargadas de llevar oxígeno a los pulmones. Además de la irritación, puede ir acompañada de mucosidad espesa y dolor en el pecho y, en algunos casos, aparece junto a algún resfriado o infección de las vías respiratorias. Suele tardar alrededor de una semana en desaparecer.
  • Bronquiolitis: es la inflamación de los pulmones, una enfermedad más frecuente en niños pequeños y bebés que causa hinchazón, irritación y acumulación de mucosidad en los bronquiolos. Esta patología también suele ser provocada por la infección de algún virus y comienza con los síntomas del resfriado, pero va empeorando hasta complicar la situación. La bronquiolitis puede prolongarse de una a dos semanas.
  • Rinitis: consiste en un tipo de alergia ocasionada por la inhalación de un alérgeno, como pueden ser el polen, el polvo o la caspa de los animales. Sus síntomas son los estornudos, la congestión nasal, mucosidad transparente y líquida, picor intenso de la nariz, tos seca y, en algunos casos, pérdida de olfato. Es típica del otoño porque es una época húmeda perfecta en la que proliferan los ácaros y en la que hay menos ventilación.
  • Sinusitis: la mayor parte de las veces están causadas por una infección vírica, pero también pueden deberse a alergias o problemas dentro de la cavidad sinusal. Precisamente, esta enfermedad se produce por la inflamación de la mucosa de los senos paranasales, causando mucosidad y congestión nasal, producción de flemas, dolor de garganta, de cabeza y tos. La sinusitis suele afectar entre una y dos semanas si no existen más complicaciones.
  • Artritis: durante esta estación repuntan los brotes sintomáticos de las enfermedades reumáticas como la artritis, que se trata de la inflamación de las articulaciones. Esa inflamación va acompañada de una hinchazón y sensibilidad en la zona, que causan dolor e impiden el correcto movimiento de las extremidades. En algunas personas esta enfermedad muestra los mismos síntomas durante el resto de su vida con una evolución negativa, mientras que en otras solo hay brotes o ‘períodos de exacerbación sintomática’, que suelen durar unas cuantas semanas hasta que los síntomas se calman.
  • Dermatitis: se trata de una enfermedad de los tejidos cutáneos de carácter crónico, pero que suele empeorar en otoño por el uso de la calefacción o las temperaturas frías, factores que contribuyen a la sequedad de la piel. Se caracteriza por una inflamación de las capas más superficiales de la dermis, que produce picazón, manchas y erupciones por todo el cuerpo, descamación y sensibilidad. Si el paciente se rasca las zonas inflamadas, el cuadro puede empeorar provocando la formación de costras y heridas, por lo que es fundamental hidratar bien la piel y utilizar productos hipoalergénicos para el cuidado corporal.

Ya sabes que para hacer que tu sistema inmune esté más fuerte y sea capaz de resistir mejor estas infecciones tan comunes del otoño, o de incluso prevenir algunas de ellas, es importante seguir un estilo de vida saludable con una alimentación equilibrada, practicando actividad física a diario, controlando el estrés y manteniendo un horario regulado de sueño. Además, también es recomendable lavarse las manos con asiduidad para evitar la entrada de patógenos en el cuerpo, así como ventilar los espacios y evitar corrientes de aire.

VACUNACIÓN FRENTE A LAS INFECCIONES

Recuerda que para evitar estas infecciones tan comunes del otoño y el invierno estamos inmersos en la campaña de vacunación contra la gripe, dirigida a las personas de riesgo como embarazadas, niños de 6 a 59 meses, personas mayores y personal sanitario. Al mismo tiempo está en marcha la campaña de refuerzo de la inmunización frente a la Covid-19 en personas mayores, población vulnerable y profesionales sanitarios.

Asimismo, también está abierta la campaña de inmunización frente al virus respiratorio sincitial (VRS), una infección cuyos síntomas predominantes son la bronquiolitis y la neumonía. Esta vacuna está pautada para bebés menores de 6 meses, prematuros y niños con factores de riesgo, sujetas a las indicaciones de las distintas Comunidades Autónomas. Si tú o algún familiar entráis dentro de algún grupo, no dudes en dirigirte a tu médico para informarte.

Inaugurada la temporada de los esprays nasales: sigue estos consejos para utilizarlos correctamente

Los aerosoles ayudan a combatir la congestión nasal, pero un uso excesivo podría provocar un efecto rebote y otros problemas de salud

El cambio de estación trae consigo una serie de desafíos para la salud. Uno de los aliados en los que más confiamos durante esta lucha son los esprays nasales. A medida que el frío del otoño se convierte en el duro invierno, estos pequeños aerosoles se vuelven protagonistas en la prevención y el alivio de diversas afecciones respiratorias, tan típicas en estas fechas. Hablamos de soluciones líquidas que se aplican directamente en la nariz, lo que permite una acción localizada y rápida para descongestionar las vías nasales.

Actualmente, podemos encontrar dos tipos principales de esprays nasales: descongestionantes y esteroides nasales. Los primeros alivian la congestión nasal temporalmente al estrechar los vasos sanguíneos de la mucosa nasal (efecto vasoconstrictor). Se pueden usar con el resfriado común o las alergias, pero deben utilizarse con moderación, ya que el consumo excesivo puede llevar a la congestión de rebote. Por otro lado, los esteroides nasales son más efectivos en el tratamiento de afecciones crónicas, como la rinitis alérgica. Funcionan reduciendo la inflamación en la nariz, lo que alivia la congestión y otros síntomas alérgicos. Son seguros para un uso prolongado bajo supervisión médica.

A pesar de tratarse de una de las soluciones a las que más recurrimos para combatir los síntomas de las infecciones respiratorias, los esprays nasales se encuentran en el punto de mira. De hecho, recientemente en Francia la Agencia Nacional para la Seguridad de Medicamentos y Productos Sanitarios ha iniciado una campaña dirigida a desaconsejar el uso de los productos vasoconstrictores que tanto empleamos, debido a que podrían aumentar el riesgo de infarto de miocardio y accidentes cardiovasculares. Incluso, han solicitado a la UE que inicie un proceso de reevaluación con el objetivo de que se prohíba la comercialización de estos productos entre los países miembros. Ante estas circunstancias y para minimizar el impacto negativo en la salud, te damos los consejos sobre su correcta utilización.

CONSEJOS DE USO Y PRECAUCIONES

Aunque los esprays nasales pueden ser de gran ayuda, tenemos que concienciar sobre su uso adecuado, especialmente de los de tipo descongestionante. Precisamente, estos aerosoles pueden generar dependencia, pues un consumo continuado puede provocar un efecto rebote que cause otros problemas más graves y de carácter crónico, tales como rinitis, riesgo de ictus, hipertensión, desviación del tabique nasal e incluso perforaciones. Así que, para no llegar a este extremo, te dejamos las recomendaciones generalizadas de uso:

  • Antes de aplicar el producto, despeja tus vías respiratorias sonándote la nariz con ayuda de un pañuelo. Después, agita bien el espray.
  • Inclínate ligeramente hacia adelante y mantén la cabeza erguida al aplicar el espray. Asegúrate de que el aplicador del aerosol se dirija hacia el lateral de la nariz y no hacia el tabique nasal. A continuación, repite este paso en la otra fosa nasal.
  • Evita sonarte la nariz después de ambas aplicaciones, para no perder la eficacia del medicamento.
  • Limpia la boquilla del espray regularmente, sobre todo antes y después de cada uso para evitar la acumulación de bacterias.
  • Para minimizar los riesgos, utiliza el espray el tiempo indicado por tu médico o por el farmacéutico. Un periodo excesivo podría derivar en y causar daños en las vías respiratorias.

Si durante el tratamiento con espray nasal experimentas congestión nasal crónica que no desaparece con la aplicación de producto, sangrado por la nariz, quemazón, dolor de cabeza, o cualquier efecto secundario preocupante que se advierta en las instrucciones del aerosol, te recomendamos que ceses el tratamiento por precaución y visites al médico para obtener su valoración clínica.

La importancia de la vacunación

Protegen de enfermedades, controlan la propagación de infecciones y forman parte de un estilo de vida saludable

Seguramente no hay una intervención sanitaria preventiva más efectiva que la vacunación. Y es que las vacunas ayudan a prevenir y controlar numerosas enfermedades infecciosas y contagiosas.

Repasamos los beneficios de las vacunas en la población:

1. Nos protegen a nosotros y al entorno: los dos motivos principales para vacunarnos son que nos defienden de nosotros mismos y de quienes nos rodean, creando lo que se conoce como “inmunidad de grupo o de rebaño”.

2. Ayuda a eliminar dolencias: la vacunación ha permitido la erradicación de la viruela, la interrupción de la transmisión de la poliomielitis, así como el control de enfermedades como el sarampión, el tétanos, la difteria o la rubeola.

3. Control de enfermedades raras: sin vacunación, enfermedades que se han vuelto raras, como la tos ferina, la poliomielitis o el sarampión, podrían reaparecer.

4. Sus efectos no son peligrosos: las vacunas son seguras y han sido sometidas a pruebas rigurosas. Producen una respuesta inmunitaria similar a la generada por las infecciones naturales, pero sin causar enfermedad ni complicaciones.

5. Salvan vidas: son una de las intervenciones en salud pública que más vidas ha salvado en la historia. La OMS calcula que la inmunización salva 2,5 millones de vidas al año y protege a muchos más millones de personas de enfermedades y discapacidades.

6. Preservan la seguridad mundial: cuando se inmuniza a todos los niños y niñas y se erradica una enfermedad, se ayuda a preservar la seguridad mundial y promover la salud.

7. Son parte de un estilo de vida saludable: son una estrategia saludable que se aplica en la población sana como medida de prevención y mejora de la calidad de vida, igual que la alimentación equilibrada o la práctica de ejercicio físico regular.

8. Proporciona beneficios sociales y económicos: los esfuerzos mundiales realizados en materia de vacunación desde el 2001 han impedido 20 millones de muertes, calculándose un ahorro de 350.000 millones de dólares por atención sanitaria.

Las vacunas representan un hito esencial en la prevención de las enfermedades. Así, vacunarse es un acto de solidaridad, que te protege a ti y nos protege a todos.

Legionela, síntomas y tratamiento

Te explicamos las claves de la legionelosis, una enfermedad parecida a la neumonía

La ‘legionela’ es la bacteria causante de la legionelosis o ‘la enfermedad del legionario’, una afección infecciosa que presenta un cuadro de neumonía y fiebres altas. Su nombre viene en honor a las 34 personas fallecidas en 1976 por un brote de neumonía en una convención de legionarios de Estados Unidos.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la forma más común de transmisión de la legionela es la inhalación de aerosoles, aires acondicionados o agua contaminados, donde la bacteria encuentra las condiciones idóneas (suciedad y temperatura entre 25º y 45º) para reproducirse y colonizar.

La legionelosis tiene un periodo de incubación de 2 a 10 días y, aunque suele aparecer como casos aislados, afecta más a personas de mediana edad, sobre todo si son fumadoras o tiene alguna patología pulmonar.

Síntomas de la legionelosis

  • Fiebre y escalofríos
  • Tos, seca o con mucosidad
  • Dolor de cabeza o musculares
  • Cansancio y pérdida de apetito

Los síntomas son difusos y pueden confundirse con otras enfermedades, por lo que se necesitan pruebas serológicas para un diagnóstico diferencial.

Tratamiento de la legionelosis

No existe ninguna vacuna disponible contra esta dolencia. Sin embargo, la enfermedad del legionario requiere de tratamiento antibiótico.

Su prevención depende de la aplicación de medidas de control e higiene que minimicen la proliferación de la legionela y su difusión por torres de refrigeración y sistemas de conducción de agua, de manera que limiten el crecimiento y multiplicación de esta bacteria.

Aunque no siempre es posible erradicar la fuente de infección, sí se pueden reducir sustancialmente los riesgos: limpiando y desinfectando periódicamente estos aparatos. Así, en hospitales, centros comerciales y hoteles es imprescindible que los conductos de refrigeración y de agua estén en perfecto estado, no sólo en los meses de verano sino todo el año.