Vitamina D, sol y microbiota: una tríada esencial para tu sistema inmunológico

Muchas personas desconocen que la microbiota intestinal influye en cómo absorbemos y utilizamos la vitamina D.

La luz solar es un recurso natural fundamental para la salud. A través de la piel, la exposición al sol activa la síntesis de vitamina D, una hormona esencial para el sistema inmunológico, la salud ósea y el equilibrio emocional. Pero lo que muchas personas desconocen es que la microbiota intestinal también forma parte de este proceso, influyendo en cómo absorbemos y utilizamos esta vitamina. Desde la PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe), abordamos esta interacción como una tríada clave: vitamina D, microbiota y exposición solar.

¿Cómo se relacionan la vitamina D y la microbiota?

Numerosos estudios científicos han confirmado que la vitamina D no solo actúa a nivel óseo, sino que también modula la expresión de péptidos antimicrobianos como la catelicidina y la defensina. Estas sustancias ayudan a controlar el crecimiento de bacterias dañinas en el intestino, favoreciendo un entorno saludable y equilibrado.

Además, ciertas bacterias intestinales como Akkermansia muciniphila, Lactobacillus y Bifido bacterium pueden influir en la expresión de los receptores de vitamina D (VDR) en el intestino. Es decir, no basta con tener vitamina D circulante en sangre: necesitamos que nuestras bacterias estén en equilibrio para que esa vitamina sea utilizada correctamente por las células.

¿Qué pasa si tienes deficiencia de vitamina D y disbiosis?

La falta de vitamina D, sumada a un desequilibrio intestinal, puede generar un círculo vicioso que afecta múltiples áreas de la salud:

  • Mayor riesgo de infecciones respiratorias y digestivas.
  • Inflamación de bajo grado crónica, relacionada con enfermedades metabólicas.
  • Aumento de la hiperpermeabilidad intestinal, conocida como “intestino permeable”.
  • Brotes de enfermedades autoinmunes como artritis, tiroiditis o psoriasis.
  • Cambios en el estado de ánimo, fatiga persistente o incluso depresión estacional.

Cómo cuidar esta tríada

Mejorar la salud no implica solo tomar sol, sino hacerlo con conciencia. Aquí algunas recomendaciones desde la PNIe:

1. Exposición solar inteligente

  • Bastan 15 a 20 minutos diarios de sol directo, preferiblemente antes del mediodía y sin protector solar en brazos, cara o piernas.
  • Evita exposiciones prolongadas sin protección, especialmente entre las 12 y las 16 horas.

2. Alimentos sinérgicos con la vitamina D

  • Consume grasas saludables en las comidas principales: aguacate, aceite de oliva virgen extra, nueces, semillas de chía, huevos de gallinasque pastorean – camperas.
  • Incluye alimentos ricos en vitamina D de origen natural: salmón salvaje, sardinas, yemas de huevo, setas expuestas al sol.
  • Algunos fermentados como el kéfir y el miso pueden mejorar la microbiota y favorecer la absorción intestinal.

3. Suplementación personalizada

  • En personas con sobrepeso, enfermedades inflamatorias intestinales (EII), SIBO o disbiosis intestinal, puede haber una resistencia a la acción de la vitamina D. En estos casos, conviene hacer un control de niveles en sangre (25-OH vitamina D) y valorar una suplementación ajustada por un profesional.

4. Cuidado del intestino como base

  • Mantén una alimentación rica en prebióticos naturales (plátano verde, alcachofa, cebolla, ajo, avena si se tolera, puerro, espárragos, etc.).
  • Evita el consumo de azúcares, alcohol y ultraprocesados, que dañan la diversidad bacteriana.
  • Practica técnicas que reduzcan el estrés, como la coherencia cardíaca, el mindfulness o la exposición consciente a la naturaleza.

La vitamina D, la microbiota y la exposición solar trabajan en equipo para mantenerte fuerte, con buen ánimo y menos riesgo de infecciones. Además de tomar el sol, es importante tener en cuenta que lo que comes, lo que piensas y cómo duermes también influye en cómo tu cuerpo aprovecha esta valiosa vitamina.

Dra. Johanny Vargas Rodriguez. Especialista en Neumología Integrativa, Terapias Respiratorias Domiciliarias, Trastornos del Sueño, Microbiota e Inmunonutrición. Actualmente se encuentra en proceso de formación en PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIe).

Síntomas que alertan sobre el déficit de vitamina D

Es importante elegir alimentos que sean ricos en vitamina D como el pescado graso, los huevos (la yema) y los productos lácteos fortificados

La deficiencia de vitamina D puede hacer que tus huesos se vuelvan delgados, quebradizos o deformes.

Aunque la cantidad de vitamina D que los adultos obtienen de su alimentación a menudo es inferior a lo recomendado, desde Mayo Clinic destacan que la exposición a la luz solar puede compensar la diferencia.

La deficiencia de vitamina D es muy común, y la ingesta diaria recomendada (IDR) suele estar entre 400 y 800 UI. Para alcanzar este nivel, es importante elegir alimentos que sean ricos en vitamina D como el pescado graso, los huevos (la yema) y los productos lácteos fortificados.

Tal y como destacan desde Sanitas, la vitamina D es en realidad una provitamina que interviene en multitud de procesos en el organismo humano; favorece y garantiza la absorción de calcio desde el tubo digestivo y, más tarde, su correcto depósito en el hueso.

Por ello, la falta de vitamina D se ha relacionado con una gran variedad de situaciones como enfermedades autoinmunes, cáncer, enfermedades metabólicas y enfermedades cardiovasculares, sin embargo, las más importantes son las que se relacionan con el sistema musculoesquelético.

Fatiga y cansancio, pesimismo y un estado de ánimo más deprimido, ligera excitabilidad, debilidad muscular, nerviosismo e insomnio, antojo de comer dulces, caries y gingivitis, entre otros, son algunos de los principales síntomas que nos alertan de niveles insuficientes de vitamina D.

Pero, más allá de ser capaces de identificar estos síntomas ligados a la falta de vitamina D, la mejor forma de asegurarnos es realizando una analítica.

Más allá de ser capaces de identificar los síntomas ligados a la falta de vitamina D, la mejor forma de asegurarnos es hablar con el médico y realizar una analítica que permita determinar la concentración de este nutriente en el plasma sanguíneo de una persona.